domingo, 31 de mayo de 2009

Peines para calvos

O las ventajas de la experiencia.

"(...) Los cuentistas inexpertos suelen caer en la ilusión de imaginar que les bastará escribir lisa y llanamente un tema que los ha conmovido, para conmover a su turno a los lectores. Incurren en la ingenuidad de aquél que encuentra bellísimo a su hijo, y da por supuesto que los demás lo ven igualmente bello. Con el tiempo, con los fracasos, el cuentista capaz de superar esa primera etapa ingenua, aprende que en literatura no bastan las buenas intenciones.

Vía: A través del Uniberto

Crítica literaria

Diálogo entre Julio Cortázar y Omar Prego:

OP: Onetti me dijo que había sido uno de los primeros lectores de "El perseguidor" y que de inmediato te escribió una carta -él, que suele escribir muy pocas cartas- declarándote su total entusiasmo.

JC: Onetti hizo mucho más que eso. Esto que te voy a contar lo supe por Dolly Muhr (Dorotea Muhr, la mujer de Onetti). Onetti leyó "El perseguidor", se fue al cuarto de baño de su casa y rompió el espejo de un puñetazo.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Mantras


Duerme
ahora que una luz rosada, sigilosa
desmaleza de a poco el cielo y amanece
sobre los techos húmedos, opacos
con fantasmas de hollín, atrapados en altas
chimeneas inútiles.
Deja escapar el aire entre los labios
apenas entreabiertos
deja intuir la danza de sus pupilas claras
inquietas bajo suave lasitud de los párpados
que siguen esa música que viene desde el fondo
apagada, monótona, confusa.

El dorso de la mano soporta la mejilla enrojecida
las piernas se repliegan como antes de nacer
y sus hombros se hunden
entre paños rugosos y colores de otoño
las flores de la manta: negro, siena, verde de hojas
secas, de musgo en la corteza de algún árbol
que veo desde aquí. Llueve
despacio como quien repta en el sueño
las gotas atraviesan las rendijas
del postigo y se alinean
tráslucidas al borde de la alfombra
cuyo dibujo bordan, en un cinabrio oscuro.
Amanece lloviendo y mientras duerme
se prepara el latido de otro mundo
lejano a las palabras que me dijo o le dije
intentando abrazarlo.

Repito
mi nombre mientras duerme
lo digo para mí, para saberlo
cuando vuelva la noche o se ensañen las lluvias
o despierte o me muera
sin pronunciar la frase
que podría salvarnos
a las puertas de un arca
que atraviese el pasado o el diluvio.

lunes, 25 de mayo de 2009

domingo, 24 de mayo de 2009

Más olimpos para la diosa

Minerva en Las elecciones afectivas.

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Intimas


Con el auspicio de Lennon y Mc Cartney

sábado, 23 de mayo de 2009

La noche del corazón en llamas

A C.F.L.,
por el misterio de un verso dado

I

Herida que la nieve aviva apenas
roja rosa que en agua fría mora
por la luna el poroso estío
se escribe en sombra con las campanillas
bajo la llamarada soleada de las flechas
dejando el agua fría junto a la sangre, aquí
donde destella leve el bello sosiego del mirlo

Aquí donde en el bosque metafísico brilla
el puro agrupamiento de los canes,
la reunión de sus amos,
sus voces desgarradas, largas,
tan desgarradas y tan largas
que ahora se confunden con la voz
de la guardia durmiente
en el seno quemado de la constelación
por una cierva de pulso saltando

de un salto en medio de sus voces:
puro lugar que aquí señala lo absoluto del agua
y su rostro es de cierva y de mujer
iluminado, destruido por el astro de sombra
en una tierra de pizarras y de viento desnudo
cual ramo que la tierra ha preparado
y -al fin- desconcertado se extravía

El tiempo está aquí
como la leche del hombre mezclada
con la de los caballos en las yeguas
y los potros más finos que sus párpados
duermen bajo la luz del espíritu que refulge
con la belleza de la podredumbre
cual lámpara de nadie llameante
en paraje de noche
desde el seno interno del agua viva.

"Desnuda, estrellas me vestirán" -dice

II

Por los caminos del ser y la noche
hay un árbol que la luna lunea
árbol tan solitario, de tierra tan antigua
que duerme cual muñeca adormecida
junto a las fuentes vivas
libres de viento en la desnuda luz

Libre de viento... Oh cierva
de pensamiento ensangrentada
tan cerca de este corazón que sueña
vaga sueña y su luz es lluvia en lluvia
caída sobre las durmientes cosas
cosas tan largas, rosas escombradas
por el perfume de su inmensa noche
que, desnuda, también se vestirá de noche

III

En la muerte su niño
en la muerte siempre estuvo su niño
y el cuaderno de toda infancia
arde en un cuarto vivo
en un cuarto vacío en que se mira
lo extraño del vacío
lo absoluto de su extrañeza
con su desnudez de noche alrededor

Esta cama la nuestra una guitarra un agua larga
terriblemente entre las piernas de la noche
como un cuerpo simple es de agua
que se deshace y vuelve a hacerse
en su fulgor de estrella
alejándose sola sobre sus piernas niñas
su mata de ímpetu y su herida
como mujer amamantada entre las nebulosas
por todos los caballos de la noche

"Desnuda, estrellas me vestirán" -dice

IV

Esta tarde ella ha dado al ruiseñor
su niño hijo de siempre amado siempre
resfrescado de menta inmaterial
con sus manos y la dulzura de sus desnudos pies
de niño que debe morir
bajo la inexplicada techumbre de las noches

La nieve colma el cielo
por el ave aplastada en las paredes
de la casa alzada bajo los astros
donde vertical hay un espejo sin prueba
con el desnudo pasado, pasando,
del hombre que desmembran los instrumentos de la luz
cosas quemadas por lo inmaterial
para ese niño amado
sujeto por la mano
del lado de la muerte.


( Salah Stétié. Traducción de Evelio Miñano, del libro Fiebre y Curación del Icono. Editorial Visor.)

"En suma, es como si en la poesía de Salah Stétié ( Beirut, 1929) el texto fuera de ancho tapiz cubierto de imágenes pintadas, pero con un viento que lo mueve, que deshace esas imágenes, que descalifica la idea del mundo por el que podrían haber sustituido el mundo. La superficie del pensamiento se mueve por eso mismo, y ya se nos invita a entrar en el desconocimiento, una palabra que Stétié emplea a menudo y que no significa en absoluto que por esos caminos estemos destinados a no conocer nada. Pues, ciertamente, esta poesía no describe un lugar, no escribe una vida, al menos de manera explicable, no evoca acontecimientos; este poeta parece no recordar en su poema ningún momento de la conciencia ordinaria. Pero las palabras que gracias a él se nos tornan tan abiertas nos ayudan a escribirnos a nosotros mismos, son nuestra legibilidad de pronto posible a través del interior de nuestros actos. Ayudan a transfigurar en presencias, en participaciones a la presencia del mundo, nuestros objetos, nuestros saberes más cotidianos".

Ives Bonnefoy

¿O es que ese día yo falté?

Moyano repasa sus apuntes de clase.

jueves, 21 de mayo de 2009

Modos de ver

En sus épocas de juventud Juan Martín consiguió trabajo en una librería de la avenida Corrientes. No era gran cosa si de dinero hablamos, pero fue allí donde tuvo su primer contacto con el mundo literario y con María Paula.

Tenía un buen horario. Flexible, de medio turno, que le permitía cursar regularmente sus estudios en la Universidad. Su labor consistía en mantener ordenados por sección los libros de las repisas y en aparente desorden los apilados en las mesas centrales; además reponía el stock desde el depósito del sótano y recibía las novedades editoriales. Eso era todo, con lo que el resto del tiempo se la pasaba leyendo o preparando exámenes.


Esta es la visión que se compone, acerca del trabajo de un librero, quien adquiere sus libros en los supermercados Coto. Nos hacés reír, Andrea, y el amateurismo no te excusa.

martes, 19 de mayo de 2009

Sport




Más pinturas digitales de Fernando Bech, una vida dedicada al deporte.


Apuntes de un viejo amigo


La parejita


Bar de fantasmas.


Asensor.

Guillermo Mozian

domingo, 17 de mayo de 2009

sábado, 16 de mayo de 2009



El ayer de esta mañana

Mientras la boludez y la frivolidad se transan mano a mano en los mercados, en la blogósfera no damos estos lujos. Lean cómo lee.

Primeros signos del invierno

¿Vender libros? ¿Un amor que busca una ganancia?

Trenzas


...Gracia como la lluvia que va hacia donde la lluvia va.
Discretamente la noche nos penetra,
nos desborda,
como aquí, cualquier cosa que asciende, cualquiera que
desciende, se entrecruza.


Charles Wright




El curvo movimiento de tus cabellos rojos
en tres cintas de sombra que se anudan,
luego el broche que ata, luego el lazo.
(Las serpientes ardían, pero de eso
hace ya mucho tiempo)

Reptamos, en la desolación de un médano
frente al mar, que en el fondo, jamás conoceríamos. Neptuno
custodia con fiereza su secreto.
Sirenas vacilantes tejen luces con un peine de nácar,
de modo que licúan los sonidos
el zumo que segregan las palabras, dejan
en las palmas heladas de las manos
unos restos de espuma, esa escoria brillante
(la dulcísima)
que vive hasta más tarde, cuando se hunde
-en una recta húmeda y lejana- la promesa del día.
Entonces, otra vez, ardes y te difundes,
como lava que viaja hacia la piedra
en ascenso y descenso -perpetua como el mundo en su inconstancia-
y así tus largas trenzas se entrecruzan:
yo las toco, y las ato, con un nudo roído por las lluvias
que van donde no sé, donde no vi.

viernes, 15 de mayo de 2009

jueves, 14 de mayo de 2009

El ignoto porvenir de nuestros panchos en el epicentro de la fabricación de salchichas

Dedicado a los que ven este tipo de encuentros como acontecimientos de la vida cultural, reproduzco este artículo:

Frankfurt, la feria por dentro, por Guillermo Schavelzon



Este año yo hubiera cumplido 30 años consecutivos de asistencia a la feria del libro de Frankfurt, si no fuera porque una vez un terremoto tiró abajo media ciudad de México, donde vivía, y tuve que suspender el viaje. Frankfurt: la más grande, profesional y monumental reunión internacional de profesionales del libro.
Una feria que sólo admite el ingreso de profesionales, en la que no se venden libros y donde ni siquiera los ciudadanos locales pueden entrar, debe tener algún atractivo muy grande para seguir existiendo después de 50 años. Ocho mil periodistas, cincuenta mil profesionales, inconmensurablemente grande, ocho pabellones de una manzana cada uno y cuatro pisos; decenas de miles de habitaciones de hotel pagadas un año antes, a precios de escándalo. ¿Cuál es el secreto de tanto éxito?

La cobertura de prensa es enorme, y me sorprende ver cómo los editores, los agentes literarios y los periodistas jugamos año tras año el mismo juego, aunque ninguna de las partes se lo crea: el anuncio de las grandes contrataciones. Que tal editorial se ha quedado con tal autor o con tal obra, que la primera novela de una joven afgana de Brooklyn fue contratada por cinco millones de dólares, etc. Una sensación —la que trasmiten los medios— de que la feria es un gigantesco plató de subastas donde editores multilingües, chequera en mano, compran y venden histéricamente como en la clásica foto de las bolsas de valores.

Hay otro juego, bastante más peligroso, para el que la feria suele ser buena plataforma: generar un tremendo escándalo alrededor de un escritor, justo unas semanas antes del lanzamiento del libro o de la puesta en venta de los derechos. Recordemos el escándalo mediático que precedió la publicación de los Versos Satánicos, de Salman Rushdie, o la acusación del supuesto pasado nazi de Gunther Grass justo antes de la publicación de sus memorias. Se trata de vender por sobre todo. ¿No les hace pensar en el sistema financiero que hoy se está viniendo abajo? Un juego donde el escritor es quien pagará las consecuencias: Rushdie, quince años escondido con custodia; Houellebecq se tuvo que ir a vivir a Irlanda, y luego al sur de España; Martin Amis perdió a sus amigos de toda la vida y dejó Londres... Leyendo la prensa de la semana previa a la feria, me pregunté, a propósito de Milán Kundera, si lo que está en discusión es un esclarecimiento histórico, o asistimos al prolegómeno de una operación de marketing. Lo sabremos si en las próximas semanas aparece un libro de memorias.

Puedo sostener con conocimiento de causa que casi todos los anuncios de grandes adquisiciones en la feria no son ciertos. Lo fueron alguna vez, cuando las comunicaciones eran precarias. Es muy ingenuo creer que en la época de internet, con llamadas internacionales cada día más baratas o gratuitas, haya que reunirse físicamente en un lugar para conocer una obra y tomar decisiones. Todo lo que la gran mayoría de los periodistas da como decidido en la feria, ya estaba acordado antes. Es cierto que a veces hay algún descubrimiento, pero suele ser ocasional y poco significativo.Entonces ¿qué sostiene a la feria de Frankfurt? ¿Qué encontramos en ella la mayoría de los profesionales? La gran ocasión para aprender qué sucede en el mundo de la edición de libros. Frankfurt es un máster acelerado, y si se lo entiende de esta manera, se comprende el porqué de semejante inversión: es un postgrado muy rentable e incluso barato, para quien lo sepa aprovechar.

Frankfurt permite conocer a otros editores y sobre todo otras maneras de publicar, otras concepciones del negocio editorial. Permite anticipar tendencias o mejor dicho conocerlas por anticipado. Y para los más avezados, permite algo excepcional: generarlas. Frankfurt es una enorme caja de resonancia, donde un rumor recorre los pabellones más rápido que las gigantescas cintas transportadoras que nos llevan de un edificio a otro. El nombre de un autor, el título de una novela, el anticipo que se ha pagado, cualquiera de esas cosas puestas en el oído de una docena de “reproductores” adecuados (scouts los llamamos), da la vuelta a la feria en menos de un día. ¿Cómo llega un dato desde el centro de agentes al pabellón de los editores griegos o coreanos? Imposible explicar el viaje, pero los asistentes de años lo hemos experimentado reiteradamente. Claro, no hay muchas oportunidades, la feria tiene tres días efectivos de funcionamiento, lo que no “se suelta” el primer día, no habrá tiempo para recogerlo. Las agendas están cerradas tres meses antes. No hay lugar para la improvisación, ni tiempo para lo imprevisto.

Para las reuniones importantes fuera de agenda, existe un intenso plan etílico after-hour, cócteles que ofrecen las grandes editoriales. En Alemania, en las invitaciones se pone la hora de inicio y también la de finalización, con lo cual se puede estirar la agenda de trabajo unas cuantas horas más cada día. Allí se recogen los mejores resultados, y el único secreto consiste en haber bebido menos que el interlocutor, para no olvidar que todo encuentro, todo contacto, es un acto de negocios; que toda copa es una oportunidad extra, todo intercambio de tarjetas para los que no se conocen, dará lugar a un posible contrato después de la feria. Hay editores y agentes tan comprometidos(as) con su trabajo, que entre la última copa nocturna y el desayuno, aprovechan para seguir haciendo negocios.

Después de muchos años de asistir como editor mexicano, argentino, español, y en los últimos diez como agente literario, descubrí cuál era el verdadero punto estratégico de la feria: el centro de agentes literarios, donde antes no me dejaban entrar. Un enorme galpón con 700 mesas, en las que unos mil 500 agentes de todo el mundo hablan sin parar de 9 a 18. Todos los editores del mundo desfilan por allí a ritmo vertiginoso, en reuniones de media hora. ¿Qué se puede decir en 30 minutos, cuando en general ninguna de las dos partes se comunica en su propio idioma? Poco, pero lo suficiente para volver el año próximo, a un costo (en euros) cada día más elevado.

Sentado en una de las mesas de mi agencia, sin poder ni hablar en todo el día con mis dos colaboradoras que estaban en la mesa de al lado, las pocas veces que se me ocurrió levantar la cabeza tuve un ataque de pánico. Me sentí una gallina más dentro del gallinero, presionado a poner y poner huevos. El barullo, un murmullo permanente a mi alrededor, era desesperante, y sin embargo, cuando uno habla con “su cita” —en los 30 minutos en que estamos obligados a cacarear para poner un huevo más— pareciera que todo ruido desaparece. Al final del día, encerrado en ese galpón de luz y clima artificial siempre constante, perfecto, sin saber si afuera llueve o hay sol, no sólo se pierde la sensación de lo que sucede en el mundo, sino que uno se cree que está en el centro del mundo y que no hay nada importante fuera.

Cada vez que un periodista se acerca, le recitamos en un minuto todo “lo que hemos vendido” (los profesionales lo llaman “intoxicar”), y lo más increíble es que al día siguiente sale en los diarios.
Que la feria de Frankfurt es una oportunidad de formación fuera de serie explica que las grandes editoriales envíen a tantas personas con un costo tan alto. Para mí que la selección de qué editores asistirán cada año no la toma el director editorial, sino el de recursos humanos.

Hace años tuve un jefe que cada año me insistía con la misma cantilena, ¿para qué hay que ir a gastar dinero a Frankfurt? Nunca se lo pude explicar bien, pero él tampoco pudo explicarme nunca por qué era tan fanático de Boca…

Link a Link

Adrián País (Buenos Aires, 1964) me alcanzó su primera novela, estar en las nubes (Buenos Aires, ediciones del camino, 2005, 256 págs., ISBN 987.20701.2.1), un texto extraño que nos llega con el respaldo de Dieter Ingenschay, Presidente de la Asociación alemana de Hispanistas y que, además, aparece caracterizado en las últimas páginas como "una novela verdaderamente postargentina" (las palabras son de Rike Bolte). Hay que detenerse en esa frase, sobre todo por el énfasis que introduce verdaderamente. Tal vez así sea como hay que pensar parte de la literatura que hoy se produce, por lo menos en Argentina: una literatura postargentina (¿de la de Copi, alguna vez, pudo decirse lo mismo? No lo sé.) A lo mejor es verdad que vivimos una ilusión colectiva que nos impide ver las llamas de la combustión que, desde hace rato, devoró los restos de argentinidad que nos quedaban.
Adrián País vivió en Buenos Aires hasta 1985, cuando se trasladó a Madrid. De esa etapa de su vida le queda un acento madrileño inconfundible (que formaba parte de la primera versión de esta novela). Desde 1989 vive en Berlín, donde trabaja como traductor y profesor de español (peninsular, supongo yo). La novela de País es, por lo tanto, una novela de país (en el mismo sentido en que podía hablarse antes de "novela familiar"): un país que, a lo mejor, dejó de existir sin que nos diéramos cuenta: está escrita en un formato que simula archivos de computadora. Cada una de sus partes sería una carpeta (ícono que aparece en la carátula). El índice adopta la apariencia de un explorador de archivos. Hay muchas direcciones de internet (resultados de buscas) y palabras como "Apocalypse", "Cefaleas", "Chemical Brothers", "humanoides". La novela (como Rayuela) puede leerse siguiendo un recorrido "hipertextual". La trama sucede en Berlín. ¿Una novela-blog? ¿Los blogs son la posargentinidad?

Aquí Link acusa recibo, hojea la novela, describe el índice, la encuentra extraña y se detiene en el comentario de la hispanista, en la última página. ¿Postcrítica?

miércoles, 13 de mayo de 2009

El misterioso caso del periodista anónimo y mal informado

En el artículo aparecido en Crítica, sorprende la cantidad de mala leche vertida y la desinformación . Los subsidios para la traducción de una obra, como los que se han otorgado en este caso, se entregan a solicitud de los editores y en nada benefician al autor, salvo en que la inversión del editor se reduce, al no tener que pagar el trabajo del traductor o no tener que pagarlo en su totalidad. Son lo que dicen ser: subsidios a la traducción. La obra en cuestión -y la única que el periodista encuentra sospechosa sólo porque él no sabe quién es Pais- ya fue traducida y está próxima a aparecer en Berlín, porque este pequeño editor alemán está interesado en publicar autores latinoamericanos actuales, razón por la que solicita se lo exima de abonar las traducciones, a través de estas ayudas que cualquier gobierno interesado en difundir a sus autores, concede. Tanto es así que el libro de Mariana Enriquez fue recomendado por el propio Pais, que tiene la generosidad de seguir leyendo a sus connacionales y ofrecerse como nexo entre una desconocida (para él) y su futuro editor extranjero. Si el periodista no firmante, desconoce a Adrián Pais y sólo expone los resultados de su búsqueda en Google, será porque a este argentino radicado en Alemania, no lo auspicia sello editorial alguno, de esos que pueden organizar grandes presentaciones, premiar a los de la casa e imponer a quienes se les ocurra, inventando las listas de best sellers que publicarán los suplementos que les son serviles. En este marco, ser un escritor ignoto resulta casi un elogio. Así lo tomará Adrián, seguramente.

P.D.: Pyro, mi apellido es con i, Pereira, corazón.

domingo, 10 de mayo de 2009

Boga


Vadea el caudaloso rio de certidumbres
este bote impensado de propósito exacto
-si no guarda no detiene no defiende-
sólo traga y contempla, como un cínico viejo
que morirá apartado, en un plazo muy breve
como es breve el invierno cuando roza la isla.
Has visto el cuajo suave de la carne que nace
y la noche agitada del baile bajo el cielo
sabes de los trabajos como sabes del día
esa adición que resta, así los hombres se hunden
para soñar el largo tamaño de sus sombras
mientras el sol escapa entre matas oscuras.
Rozan tus dedos pálidos la tensa superficie
de lo que sin esfuerzo pudiste haber amado
una estampa de tonos diluidos: cabellos,
dulces lenguas, piel bronceada,
el paisaje encantado de un cuerpo a contraluz,
vibrante en la ventana. El compás del deseo,
amanece y subvierte todo aquello que toca.
Como las varas secas que encenderán el fuego
apartas los fantasmas, lo verde no se entrega
no cede a la estrategia de una música
que haría mansas las fieras
será amargo y estéril el intento de alzarte
tercamente a un mandato que se talló en los árboles
el mismísimo día que surgieron las nubes.
Cruje el alma debajo de la antigua madera
y el bote se desliza por aguas infinitas
-de eficaz mansedumbre y sorpresivas ráfagas
cuando así lo decida la tormenta-
naufragas hacia el sur, te agitas y sonríes,
te desvelas y lloras
apretando los dientes y los remos.
Ahora, la flecha nebulosa del destino te empuja
con sus algas del fondo, su barro conocido
y esos peces crecidos, otra vez, río abajo.

viernes, 8 de mayo de 2009

martes, 5 de mayo de 2009

Valientes

Luc invita al taller. Parece que hay chongos saliendo de la ducha con la tohallita atada a la cintura, como en la novela.