viernes, 23 de abril de 2010

Camiones

No ha sido el mundo una forma de la fiebre líquida.

hijo mío, estás ahí, tomado a tu tren, al lado de un río

que te dice en su tamaño de agua: camiones.



Camiones junto a la azalea blanca.

has puesto una línea sucesiva de camiones; no tienen

otra ruta que tu mínima mano blanca

entrándolos al mundo.

los quitas del desastre.



Qué otro modo hay de la justicia, sino la forma del camión en la azalea blanca.



Hijo, estás ahí, en el parapeto de la monstruosa evidencia; ¡los grillos han tomado la cabina de tu camión!, engrasan sus patas verdes, apagan la luz, rompen la bahía donde ingresa el vapor de los aceites; están cerca de las azaleas, pero ellos creen que son criaturas del budismo que han llegado a una orilla milagrosa...



Oh, hijo mío, ahí estás jugando con tu pala mecánica; mi tractor de lata está a quince kilómetros de la azalea blanca.



¿Llegarás?

Alberto Muñoz

Dudas de la lengua


A José Emilio Pacheco, ante la inminencia de recibir el Premio Cervantes, se le cayeron los pantalones.
¿Protocolo o proctólogo? -parece que preguntó-.

Sin sentido

los nudos en los Lazos

jueves, 22 de abril de 2010

noticias

Miro un noticiero que dedica una importante parte del tiempo de la emisión a comentar el tamaño de las piedras de granizo caídas, comparándolas con pelotas de golf, de tenis, de ping-pong, con una mano, una taza. El móvil transmite desde Olivos, se ve gente en los techos de sus casas, reemplazando las tejas rotas. El periodista, mecánicamente y tal vez poco atento a la cosa en cuestión, arranca: -La gente está indignada-

miércoles, 14 de abril de 2010

Sed

Y el dios escanciará
todo el agua del mar en nuestros vasos
y en la boca de un poso cristalino
la espuma borrará
los rastros del veneno del dolor
como en un grumo de niebla
-a fuerza de desearlo-
se desvanece el rostro empecinado
que asume lo que amamos
furiosamente, ayer.

En el principio de todo, está la bruma.

sábado, 3 de abril de 2010

Topografías

Al terminar  la calle hay una línea recta
una calle que es muro, en el fondo, certeza
la certeza corpórea de aquellos edificios
roídos, pero en pie, desafiando la lenta
corrosión de las aguas
-ya no mansas- del tiempo
al final, una línea
el borde desparejo de la piedra
el oscuro, el nudoso pavimento
y las altas ventanas, cerradas, de tu casa
hacia el fondo, a lo lejos
están las pocas cosas que no fueron entonces
llevadas por el viento de aquella desmesura
al destino sinuoso de tus valijas viejas
al final, en el fondo, detrás,  está el futuro incierto.
¿Hay algo que se mueva tan cerca,  y no podamos
ni vos ni yo saberlo?
(la pregunta es retórica)
ya se  cierran  tus ojos
sin mí, de mí tan fatalmente,
finalmente, tan
lejos.