jueves, 2 de junio de 2016

Intersecciones

Veo que el roble arroja bandadas amarillas,
bajo los nubarrones, inclinados y ocultos
en refugios de lana, los que pasan
van presos en sus cuerpos.
Percibo la coherencia del viento y de la luz,
esquiva en estas tardes.
Por su destello en mí,
deseo conocer ese secreto
pero el misterio no me abre
sus puertas fácilmente:
quedan piedras aún,  sal y desiertos,
queda el océano
la fluidez o el lento derivar de las aguas,
el mar, eterno mar y sus olas oscuras.
Pero:
los cruces son fatales,
los umbrales deshacen los caminos andados,
las brújulas señalan sólo el norte, y
los hombres de este mundo
debemos recordar lo que sabíamos.

viernes, 1 de abril de 2016

Esquela

Pasado el año,quedaban los fragmentos
el fino polvo que flota en los resuellos
de la tormenta inesperada.
La imagen socavada en los ángulos
por el trazo violento de la luz
el fantasmal amor girando en las volutas
del humo que huye.
No era ése. Su hálito era breve
Pero podría haber sido. U otro,
-cualquiera cuaja en los espacios ignorados-
Un imbécil
que se convierta en el Futuro



viernes, 14 de agosto de 2015

la ciudad es una bestia oscura, lustrosa, desmembrada
que ha emergido del agua,
la llovizna evapora los restos del sentido
-todo es barro en el fondo-
nosotros erramos, en pos de algún lugar 
que pueda ser un templo, ya sin ídolos
donde se dé la epifanía  nuevamente:
el destello de los ojos en los ojos, la comunión del pan
y el pez que se duplica en el sangrar del vino
erramos como una manada de corderos que se mecen
ya sin la paz del  tallo más dócil de los trigos
desamparados todos  en tan lisa geografía,
esta pampa de sueños nebulosos y vigilias eternas,  
siempre de espaldas al oleaje que  promueven los vientos
en el hueco arcilloso que es el centro preciso
del alma de este río




miércoles, 7 de enero de 2015

Brevis

aquella que llevaste de la mano
por las calles sin luz
debajo del torrente de la lluvia
y esperaste otra vez y te esperó en un bar
inútilmente
su cuello perfumado
su voz
la que reptaba entre palabras como excusas
como ovillo de lana en las zarpas de un gato
la que se te ofreció y se te negó
como la tierra
la estéril
la fecunda
la ebria que se dejó caer
la lúcida que no alcanzaste a soportar ni sostener
la más claramente tuya
la ajena, la de todos
la que hundiste en el fuego del desdén
-de tus muchas pasiones, la profunda-
la pequeña huérfana que dejaron
sin cesta y sin abrigo
en un umbral de vos, desconocido
la infinita
que podías rodear en un abrazo
cuando su llama amable descorría la sombra
 y tu sombra cedía
leve cortina de gasa
que velaba las formas de tu alma
cuando estabas desnudo de verdad
aquella a la que ibas
y te abría sus puertas
y la que calló después, detrás
del último cerrojo
la ingrata cuyo nombre tuviste entre tus labios
en la hora de la muerte
y no estaba allí  y ya  no oía
porque tu voz  sonaba como un río
que fluye permanente:
es en silencio que el agua
se aparta hacia otro curso
y nosotros nos vamos de la vida

martes, 16 de diciembre de 2014

Agitado o sumido
en el desdén del sueño
algo claro se mece.
Debajo de la sombra
del fondo cristalino,
otros ojos sombríos.
Agua pura del río
como un hatillo pobre sobre un umbral helado,
reposaban las cosas que la razón escinde,
-vecinos ignorándose-
los mutuos nombres que el sello ha clausurado
las manos
que en un gesto superior a la fuerza
aferraron los bordes
y entonces,
sonidos sibilinos,
una prenda,
una pieza,
partes de lo que anda
y a lo que nadie atiende
brote tierno del verde
que ha irrigado tu savia
hasta el confín del día de los días.


Acaso nos bendicen con una cicatriz
que no guarda ni sabe la razón de la herida.

viernes, 3 de octubre de 2014

Mismo mar

Llegò hasta aquí
bordeando las orillas
y trajo polvo de caracolas como
lo han de llevar los perros, debajo de las uñas
lo sacuden los pájaros cuando baten las alas, o
los peces que se agitan al morir en la playa,
guardan en sus escamas

No hubo entre él y el agua
quien cuente esos secretos:
la joven desnudez del nàufrago ante el fuego
el pavor la sorpresa
su cabeza rodeada por un aura brillante
como única y última
luminaria en la niebla
Èl
faro de seis mil años
hilo de oro, cadena
de eslabones de hierro.
Ya sin amor en torno ni misterio futuro.
No hay estado de gracia,
la débil luz elude mi barco negro y quieto
deformidad del cuerpo y
ausencia que aliviana.

Por debajo del agua se ha sumergido todo,

suaves velos de musgo cubren a los ahogados,
son los rasgos difusos que no arman un dibujo
por encima del agua.
Tanto triste verdìn que no puedo  ni quiero
borrarte de la cara.

miércoles, 14 de mayo de 2014

Pasajes


La borra de un deseo
el día en que se cumple,
¿es agua desgajada desde el temblor del trueno?
Sé que el rayo refulge recién, en su agonía
y el tiempo aún cae liviano,
-en verdad,
da la impresión de estar ahí quieto
mientras la vida humea en una olla
patinada de herrumbres inútiles y antiguos-
¿cómo entra
una hebra de pasto o
una pizca de barro en la delgada lluvia?
Como sea que sea, así entraste al sueño
sudoroso y helado
descalzo hasta que duela
la visión de tus pies,
y otra vez me imagine
los caminos atroces. Hoy no.
Mañana, te lo juro,
me abstendré de escribir
la palabra infortunio.