viernes, 27 de junio de 2008

Ecos de equus

Bucólica en Equus meus

Génica




Sólo una línea
una fina serpiente de tu puño,
su fluido.
Escupe sobre mí
en líquida espesura
pero no dejes
de tejer estos hilos que se sueltan y asfixian
cada vez que te apartas.
Toca este helado corazón
aún con las garras más filosas
sángralo
sángrame.
Mi vida empalidece
me he vaciado en papeles inútiles
si me dieras la muerte en una línea
una fina serpiente
arrancada del hueco de tus manos que amé
volvería
infalible
ese aire viciado
que respiramos
juntos.


No se trata de quemar las cosas,
sino las representaciones que tenemos
de las cosas

En el mundo en que estoy
no hay arriba ni abajo: hay la Verdad
que es terriblemente cruel. Es todo.

Antonin Artaud

jueves, 26 de junio de 2008

domingo, 22 de junio de 2008

sábado, 21 de junio de 2008

Cuento de invierno



yo entraba en esos cuentos
como toda criatura alucinada
con el mentón hundido
en los brazos en cruz sobre la mesa
sentía la espesura de la selva
veía
el fulgor de la arena en el desierto
bajo el sol sin piedad
que afiebraba a los hombres
las olas salpicaban
nuestra canoa rota
y unas islas antiguas
dibujaban
al fin un horizonte de sosiego
yo seguía la música
de tu sinuosa voz
perseguía
cada mínimo signo
que marcara sus líneas en tu cara
los vaivenes
de la luz de la lámpara
bañando tu sonrisa
o tiñendo tus ropas
a medida
que llegaba la noche
por entonces
sin moverme, más quieta
que lo que aún no acaba de nacer
yo viajaba
a caballo de letras
que traían
hasta tu boca
aquel enorme corazón que regalaste
a unos perros famélicos
que asolaban la calle
y del secreto dorado del amor
que acunaste en el mundo
brotaba una flor clara
que acaso nunca viste
crecer
prendida de la chispa de mis ojos
que tanto te admiraban,
pero yo ya sabía.

viernes, 20 de junio de 2008

El limbo de marte

A propósito de esto



Debería ser fácil de entender.
Al igual que la Tierra, tiene polos
y nubes en su atmósfera,
estaciones
verano invierno otoño,
primaveras,
volcanes y peñones
rasgos físicos
-para nuestro saber-
reconocibles.
Sin embargo, varía
se escurre sin aviso del deseo
(sabrá que es desvarío todo aquello que nombra
el límite del ojo
el mare nostrum).
Rocoso, frío, estéril
bajo un cielo de brumas bellamente rosado
su desierto insinúa un pasado volátil
desbordes y torrentes
lo inundaron
sus cráteres ocultan todavía, en el fondo
la impiedad del triunfante
ejército del agua.
Allí donde volcanes explotaban con furia,
y un meteoro horadaba su corteza profunda
ha quedado grabado un surco que señala,
y esas huellas nos guían:
la grieta donde el lecho,
-cada seca intemperie es una flecha-
¿O no hubo ni habrá
jamás, en todo espacio
otro río distinto
que el innúmero río de una única Idea?
Asentado en sus polos, crece el hielo
y hay rocas que denuncian la presencia del tiempo,
con sus húmedas manos.
Pudo haber contenido
un oceáno inmenso,
algunos ven escamas hacia un norte dorado
o el rastro de una espina, el aleteo
de vida sumergida, respirando.
Debemos aceptarlo con sus formas de ahora:
su fatal cambio muestra
un lazo que deviene
del hueco y de la altura.
El astrónomo ubica su límite en el este
(su límite observable, el propio cerco humano)
Los antiguos, en cambio
cuando hablaban de un limbo
decían ese borde impronunciable
la puerta que conduce
transponiendo el umbral,
al infierno del alma.

Favoritos


jueves, 19 de junio de 2008

En pleno cielo



Por un enmarañamiento que se pierde de la vista en

el inmenso cielo gris, de poleas, de pértigas, de tablas, de amarras, sube.

No es una escala de Jacob, sino un andamio inseguro. Y por ahí es por donde trepa: a cada cual sus trabajos forzados.

¿Cómo accede a confiar en esas agujas, en esos cabos en vilo de los que nada prueba ni a la vista ni al cálculo – más bien lo contrario - que estén asegurados en un punto verdaderamente fijo y sólido y fiable? Sin duda no tiene elección y avanza titubeante por el espacio sin poder hacer otra cosa, en perfecto silencio, y sin volver la vista ni una sola vez.

Henri Michaux

martes, 17 de junio de 2008

Un escultor aquí



Después del monumento al Che, faltaba el que acaba de descubrir la presidente en honor a los caídos en los bombardeos del 55, en Plaza de Mayo. Son épocas de pauperización simbólica, parece. Estéticas de lo anecdótico, arte por encargo.
Siguen faltando los dignos homenajes.

domingo, 15 de junio de 2008

Volver a Valéry

Lo bello exige quizá la imitación servil de aquello que es indefinible en las cosas.

La frase es de Valéry. La bastardilla es mía.

Plegaria a los que invocan la memoria

No me interesa la explicación real de los acontecimientos reales. Tengo una pésima memoria. Por lo demás, los hechos son siempre intercambiables. Me interesa el momento imaginativo, quiero decir: lo fantasmal de los acontecimientos.
Robert Musil


Madera dura que se astilla
en el golpe imperfecto
de las hachas sin filo,
la dentadura vieja de los tiempos
devenidos presente
pretensioso.
No impriman,
por favor
con negra tinta espesa de periódico
las huellas de este monstruo memorioso,
no nos den a beber
del falso tónico,
no inventen
-disueltos en el humo
que flota aún
por sobre las cenizas de lo ardido-
una resurrección ineficaz
(no digo inútil)
sin el aire que tenga
una idea del soplo
mucho menos
incalculablemente mucho,
no me mientan la vida
la vida
tan caprichosa muestra
de rápidos resúmenes
que no anima jamás
otra cosa
que esa inquietud mayor
en que nos sume
otra vez y
otra vez.
Temor, tenemos
más temor
mayor incluso
que el odio que criamos
en un vientre repleto de vacíos
temblamos otra vez porque sabemos
no podremos saber
cuál será
cuál vez
qué vez
la última
ni de dónde surge el filo inesperado
de las hachas exactas
ni la mano
tan enorme o
pequeña
-¿pequeña en relación a qué infinitos?-
que en el final,
la empuñe
y la descargue al fin
-al fin del fin-
sobre todos nosotros.

A quien corresponda

Yo no sé muchas cosas, es verdad.

Digo tan sólo lo que he visto.

Y he visto: que la cuna del hombre la mecen con cuentos,

que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,

que el llanto del hombre lo taponan de cuentos,

que los huesos del hombre los entierran con cuentos,

y que el miedo del hombre...

ha inventado todos los cuentos.

Yo no sé muchas cosas, es verdad,

pero me han dormido con todos los cuentos

y sé todos los cuentos.

LEÓN FELIPE

¿Es lo que hay?


Sobre el autor del monumento al Che, instalado en Rosario después de la gira, Andrés Zerneri:

Zerneri no participa en concursos, becas, pedidos de subvenciones, sponsoreos ni auspicios económicos, no tiene marchand ni mecenas, no pretende, que una galería le pague un sueldo por pintar ni especula con vender sus obras en ninguna galería de New York. Nunca apela a estas posibilidades ni tampoco orienta en ese sentido a sus alumnos o colegas, simplemente, porque no le producen interés. Intenta demostrar que la vocación artística poco tiene que ver con las especulaciones elitistas, tercerizaciones y mercantilismo; que el verdadero peso del artista reside en la constancia de su trabajo y la grandeza de sus acciones como comunicador social. Sobre esta base, pretende construir una escuela de arte con sedes en diferentes lugares de nuestro país.

15 mil llaves, 3 mil kilos de bronce, 3 años de trabajo y 14500 personas que hicieron su aporte voluntario

Muy lindo todo, pero indigno. La escultura es una pieza fea, sin arte, una insulsa representación que no despega a más de un centímetro del suelo, aunque mida 4 metros. Las buenas intenciones no alcanzan para realizar una obra de arte. Una mala obra que se pretende homenaje, termina bastardeando lo que pretende exaltar.

sábado, 14 de junio de 2008

Nana


Se duerme ahora
pequeña nube
de alba rosada,
viaja en los peces
del mar del sueño:
en cintas suaves
sus aletas
platean el agua,
refulgen
como rubíes o amapolas
de una pradera inaccesible.
El agua en medio de nosotros
se mueve en ondas,
rodea al mundo y es de noche
aquí en el sur bajo este cielo
donde todas las estrellas están muertas.
Con los ojos abiertos hacia adentro
se duerme ahora
y en el secreto corazón
viejo del sueño,
dorado y bueno
se despierta.
Entre sus manos
dos orquídeas perfectas
aves violáceas,
mojadas,
y dulcísimas.

miércoles, 11 de junio de 2008

Obvio


Qué lo atrae
hacia ese oscuro hueco de su vientre
donde late
apagado
un corazón envuelto en cristal roto
inoculado con venenos poderosos,
y sutiles narcóticos
que convocan futuros ideales,
(quièn podría
trazar sobre el papel
esa ecuación exacta que refiera
la fuerza que se imprime en este acto)
cuándo cesa
la sangre de fluir
en los nudillos
sangrantes que golpean
las puertas del castillo
que ocupan los fantasmas,
cómo oculta
la frase que delata
la servil ilusión de todo un pueblo:
Su Majestad, el Rey,
está desnudo
mientras hierve la fiesta
en medio de la plaza.

Protoblogger

"Podemos imaginar fácilmente una cultura donde el discurso circulase sin necesidad alguna de su autor. Los discursos, cualquiera sea su status, forma o valor, e independientemente de nuestra manera de manejarlos, se desarrollarían en un generalizado anonimato.

No más repeticiones agotadoras. "¿Quién es el verdadero autor?" "¿Tenemos pruebas de su autenticidad y originalidad?" "¿Qué ha revelado de su más profundo ser a través de su lenguaje?". Nuevas preguntas serán escuchadas: "¿Cuáles son los modos de existencia de este discurso?" "¿De dónde proviene? ¿Cómo se lo hace circular? ¿Quién lo controla?" "¿Qué ubicaciones están determinadas para los posibles sujetos?" "¿Quién puede cumplir estas diversas funciones del sujeto?". Detrás de todas estas preguntas escucharíamos poco más que el murmullo de indiferencia: ¿Qué importa quién está hablando?"

Michel Foucault. ¿Qué es un autor?

lunes, 9 de junio de 2008

Los mares del sur

Ibamos por la tarde por la falda de un cerro,
silenciosos. En la sombra del tardío crepúsculo
mi primo es un gigante vestido de blanco,
que se mueve tranquilo, con el rostro bronceado,
taciturno. Callarnos es nuestra virtud.
Algún antepasado nuestro habrá estado muy solo
-un gran hombre entre idiotas o un desdichado loco-
para enseñar a los suyos tanto silencio.

Mi primo habló esta tarde. Me ha pedido
que subiera con él: arriba se vislumbra
en las noches serenas el reflejo del faro
lejano, de Turín. " Tú que vives allí...
-me ha dicho- "...pero tienes razón. La vida hay que vivirla
lejos del pueblo: se progresa y se goza
y después, al regresar, como yo a los cuarenta,
se encuentra todo nuevo. Las Langas no se pierden."
Todo esto me ha dicho y no habla en italiano,
pues utiliza, lento, el dialecto que, como las piedras
de esta misma colina, es tan abrupto,
que veinte años de idiomas y océanos diversos
no han logrado mellárselo. Y sube por la cuesta,
con el mirar absorto que yo he visto, de niño,
usar a los campesinos un poco fatigados.
Veinte años ha vivido viajando por el mundo.
Se fue siendo yo un niño pegado aún a las faldas
y lo dieron por muerto. Luego escuché a mujeres
que hablaban de él, a veces, como en un cuento;
pero los hombres, más circunspectos, lo olvidaron.
Un invierno, a mi padre ya muerto le llegó una tarjeta
que tenía una gran estampilla verdosa con naves en un puerto
y deseos de una buena vendimia. Hubo un gran estupor,
pero el niño crecido, explicó ávidamente
que la postal venía de una isla llamada Tasmania,
circundada por un mar más azul, feroz de tiburones,
al sur de Australia, en el Pacífico. Y añadió que, cierto,
el primo pescaba perlas. Y arrancó la estampilla.
Cada uno expresó su opinión, mas todos coincidieron
en que, si no había muerto, moriría.
Más tarde lo olvidaron y pasó mucho tiempo.
Oh, desde que yo jugué a los piratas malayos
¡cuánto tiempo ha pasado! Y, de la última vez
que bajé a bañarme en un lugar mortal
y perseguí en un árbol a un amigo de juegos,
quebrando hermosas ramas, y rompí la cabeza
de un rival y también me golpearon
cuánta vida ha pasado. Otros días, otros juegos,
otros sacudimientos de la sangre delante de rivales
más evasivos: los pensamientos y los sueños.
La ciudad me ha enseñado infinitos temores:
un gentío, una calle me han hecho estremecer,
un pensamiento a veces, espiado en un rostro.
Todavía en los ojos siento esa luz burlona
de miles de faroles sobre el tropel de pasos.

Mi primo regresó, cuando acabó la guerra,
gigantesco, entre unos pocos. Y tenía dinero.
Los parientes decían en voz baja: "En un año, a lo sumo,
lo despilfarra todo y vuelve a irse.
Así se mueren los desesperados."
Mi primo tiene rasgos resueltos. Compró una planta baja
en el pueblo y mandó construir un garaje de cemento
que en el frente tenía, flamante, un surtidor de nafta
y en la curva del puente, bien grande, un letrero de chapa.
Luego puso a un mecánico a cobrar el dinero
y él recorrió todas las langas fumando.
Entre tanto, se había casado en el pueblo. Tomó una muchacha
rubia y delgada como las extranjeras,
que un día conoció, es cierto, en el mundo.
Pero siguió saliendo solo. Vestido de blanco,
con las manos atrás y la cara bronceada,
de mañana frecuentaba las ferias y con aire de sorna
negociaba caballos. Más tarde me explicó,
cuando falló el proyecto, que su plan
fue quitarle al valle todos los animales
y obligar a la gente a comprarle motores.
"Pero el animal -me decía- más grande de todos
he sido yo al pensarlo. Debí darme cuenta
que aquí bueyes y gentes son una misma raza."
Hace ya media hora que andamos. La cima está cercana,
van aumentando en torno el susurro y el silbido del viento.
Mi primo se detiene y de pronto se vuelve: "Este año
escribo en el cartel: -Santo Stefano
siempre ha sido siempre el primero en los festejos
del valle del río Belbo- y que protesten
los de Canelli. Luego sigue subiendo.
Un perfume de tierra y de viento nos envuelve en lo oscuro,
hay luces a lo lejos: granjas, automóviles
que se escuchan apenas; y yo pienso en la fuerza
que me ha devuelto a este hombre, arrancándolo al mar,
a las tierras lejanas, al silencio que dura.
Mi primo no habla nunca de los viajes que hizo.
Dice, parco, que ha estado en tal sitio o en tal otro
y piensa en sus motores.
Sólo un sueño
le ha quedado en la sangre: ha navegado un día
como foguista en un barco pesquero holandés, el
Cetáceo,
y ha visto volar los pesados arpones bajo el sol,
ha visto huir ballenas entre espumas de sangre
y perseguirlas y levantar sus colas y luchar con la lanza.
Me lo recuerda a veces.
Pero cuando le digo
que él está entre los afortunados que han visto la aurora
sobre las islas más hermosas del mundo,
sonríe ante al recordarlo y responde que el sol
se alzaba cuando el día ya era viejo para ellos.

Cesare Pavese

(traducción de Horacio Armani)

domingo, 8 de junio de 2008

Ashbery y el Parmigianino


Autorretrato en espejo convexo

Como hizo el Parmigianino, la mano derecha
Más grande que la cabeza, adelantada hacia el espectador
Y replegándose suavemente, como para proteger
Lo que anuncia. Unos cristales emplomados, vigas viejas,
Pieles, muselina plisada, un anillo de coral corren juntos
En un movimiento que sostiene al rostro, que flota
Acercándose y retirándose como la mano
Sólo que está en reposo. Es lo que está
Sustraído. Dice Vasari: "Francesco se puso un día
A sacarse su retrato, y se miró con ese propósito
En un espejo convexo, como los que usan los barberos...
Para ello mandó a un tornero que le hiciera
Una bola de madera, y tras partirla por la mitad y
Reducirla al tamaño del espejo, con gran arte
Se puso a copiar cuanto veía en el espejo",
Principalmente su reflejo, del que el retrato
Es el reflejo una vez quitado.
El espejo decidió reflejar tan sólo lo que él veía
Que fue suficiente para su propósito: su imagen
Barnizada, embalsamada, proyectada en un ángulo de 180 grados.
La hora del día o la densidad de la luz
Adhiriéndose al rostro lo conservan
Vivaz e intacto en una ola recurrente
De llegada. El alma se asienta.
Pero ¿hasta dónde puede salir por los ojos flotando
Y aún regresar a su nido a salvo? Al ser la superficie
Del espejo convexa, la distancia aumenta
Significativamente; es decir, lo bastante para apuntar
Que el alma es un cautivo, tratado humanitariamente, mantenido
En suspenso, incapaz de avanzar hasta mucho más allá
De tu mirada cuando intercepta el cuadro.
El Papa Clemente y su corte se quedaron "estupefactos",
Según Vasari, y prometieron un encargo
Que nunca materializó. El alma debe permanecer donde está,

Aunque se inquiete, oyendo gotas de lluvia en el cristal,
El suspirar de las hojas de otoño azotadas por el viento,
Anhelando estar libre, afuera, pero debe quedarse
Posando en este sitio. Debe moverse
Lo menos posible. Esto es lo que el retrato dice.
Pero hay en esa mirada fija una combinación
De ternura, diversión y pesar, tan poderosa
En su contención que uno no puede mirar mucho tiempo.
El secreto es demasiado evidente. Escuece su lástima,
Hace brotar lágirmas calientes: que el alma no es un alma,
No tiene secreto, es pequeña, y encaja
En su hueco perfectamente: su espacio, nuestro momento de atención.
[...]

Representación y sujeto


El sensual abandono de Courbet


La rudeza de Orozco

Pero la relación del lenguaje con la pintura es una relación infinita. No porque la palabra sea imperfecta y, frente a lo visible, tenga un déficit que se empeñe en vano por recuperar. Son irreductibles uno a otra: por bien que se diga lo que se ha visto, lo visto no reside jamás en lo que se dice, y por bien que se quiera hacer ver, por medio de imágenes, de metáforas, de comparaciones, lo que se está diciendo, el lugar en el que ellas resplandecen no es el que despliega la vista, sino el que definen las sucesiones de la sintaxis.

Verse

Me parece encantadora esa historia que se cuenta acerca del retrato que Picasso le hiciera a Gertrude Stein. Parece ser que la propia Gertrude y otras personas presentes, dijeron al pintor que no encontraban su obra parecida a la Gertrude real. Picasso desestimó la preocupación de todos, asegurando que si ahora no se parecía, ya se parecería en el futuro. Así es que el tiempo se ha ocupado de aseverar sus dichos, a tal punto que cuando se piensa en G.S. es más probable que acuda a nuestra memoria la imagen del retrato pintado por Picasso, que la que registraron innumerables fotografías. Como si ésa fuera, la Gertrude real. Vean si no, este espejo:


Tanto o más interesante que la visión (en el amplio sentido que evoca el término) del pintor ante la tarea de retratar a otro, me resulta la casi insoslayable necesidad que han tenido los artistas, a lo largo de la historia, de autorretratarse; mostrándonos así, su capacidad de verse.


Aquí, Rembrandt

Uno de los muchos que pintara Van Gogh

Aquí, el suizo Ferdinand Hodler



Aquí Schiele, como desconfiando de sí mismo





Goya, en dos momentos

sábado, 7 de junio de 2008

Manía



En una atmósfera de pozo
de cava negra o
tumba
entre paredes ríspidas
cerrado
como dentro de un círculo
así el origen
la tendencia incontrolable de las formas
bogando
como lo hace una idea
eso que ya hemos sido
lo que después será
cuando no estemos aquí para juzgarlo
desde
la irreverencia del esperma de tu padre
su inconciente fluido
nadarás para siempre
viscosidad del río
pequeña luz en el cristal y
opalescencia
sometido a presagios
que no escuchas
no escuchas
entre ruidos y voces que te ordenan
la perfección de un acto.

viernes, 6 de junio de 2008

Dice Olga Orozco:


Sólo había un jardín: en el fondo de todo hay un jardín.

y después:

Pero otra vez te digo,
ahora que el silencio te envuelve por dos veces en sus alas como un manto:
en el fondo de todo jardín hay un jardín.

Pavana para una infanta difunta

A Alejandra Pizarnik

Pequeña centinela,
caes una vez más por la ranura de la noche
sin más armas que los ojos abiertos y el terror
contra los invasores insolubles en el papel en blanco.
Ellos eran legión.
Legión encarnizada era su nombre
y se multiplicaban a medida que tú te destejías hasta el último hilván,
arrinconándote contra las telarañas voraces de la nada.
El que cierra los ojos se convierte en morada de todo el universo.
El que los abre traza las fronteras y permanece a la intemperie.
El que pisa la raya no encuentra su lugar.
Insomnios como túneles para probar la inconsistencia de toda realidad;
noches y noches perforadas por una sola bala que te incrusta en lo oscuro,
y el mismo ensayo de reconocerte al despertar en la memoria de la muerte:
esa perversa tentación,
ese ángel adorable con hocico de cerdo.
¿Quién habló de conjuros para contrarrestar la herida del propio nacimiento?
¿Quién habló de sobornos para los emisarios del propio porvenir?
Sólo había un jardín: en el fondo de todo hay un jardín
donde se abre la flor azul del sueño de Novalis.
Flor cruel, flor vampira,
más alevosa que la trampa oculta en la felpa del muro
y que jamás se alcanza sin dejar la cabeza o el resto de la sangre en el umbral.
Pero tú te inclinabas igual para cortarla donde no hacías pie,
abismos hacia adentro.
Intentabas trocarla por la criatura hambrienta que te deshabitaba.
Erigías pequeños castillos devoradores en su honor;
te vestías de plumas desprendidas de la hoguera de todo posible paraíso;
amaestrabas animalitos peligrosos para roer los puentes de la salvación;
te perdías igual que la mendiga en el delirio de los lobos;
te probabas lenguajes como ácidos, como tentáculos,
como lazos en manos del estrangulador.
¡Ah los estragos de la poesía cortándote las venas con el filo del alba,
y esos labios exangües sorbiendo los venenos de la inanidad de la palabra!
Y de pronto no hay más.
Se rompieron los frascos.
Se astillaron las luces y los lápices.
Se degarró el papel con la desgarradura que te desliza en otro laberinto.
Todas las puertas son para salir.
Ya todo es el revés de los espejos.
Pequeña pasajera,
sola con tu alcancía de visiones
y el mismo insoportable desamparo debajo de los pies:
sin duda estás clamando por pasar con tus voces de ahogada,
sin duda te detiene tu propia inmensa sombra que aún te sobrevuela en busca de otra,
o tiemblas frente a un insecto que cubre con sus membranas todo el caos,
o te adrementa el mar que cabe desde tu lado en esta lágrima.
Pero otra vez te digo,
ahora que el silencio te envuelve por dos veces en sus alas como un manto:
en el fondo de todo jardín hay un jardín.
Ahí está tu jardín,
Talita cumi.

Olga Orozco

aquí la versión de Ian Anderson del tema de Faure




jueves, 5 de junio de 2008

Algunos árboles


Éstos son sorprendentes: cada uno
apareado a un vecino, como si el discurso
fuera una inmóvil representación.
Poniéndonos de acuerdo, por azar,

en encontrarnos hoy por la mañana, tan distantes
del mundo como en concordancia
con él, tú y yo
somos de repente lo que tratan los árboles

de decirnos que somos:
que su simple presencia
tiene un significado: que muy pronto
podremos tocar, amar, explicar.

Y dichosos de no haber inventado
semejante hermosura, vemos que nos rodean:
un silencio poblado ya de ruidos,
un lienzo del que emergen

un coro de sonrisas, una invernal mañana.
Bajo una luz desconcertante, en movimiento
nuestros días se visten de reticencia tal
que estos acentos parecieran defensa de sí mismos

John Ashbery

lunes, 2 de junio de 2008

Destino postal

«Amor, creo necesario nombrarte, más exactamente pronunciar tu definición, tu cometido, puesto que de ti ignoro nombre y existencia. Así pues, yo te nombro: un dedo fónico te señala en el centro de la noche. No rememoro tiempos en que no fuera de noche, de manera que no he tenido jamás forma distinta para señalarte que no fuera este distraído y atento juego de una mano que no diviso. Esto, a ti que no puedes escuchar, quisiera decirte: tengo que marcharme, al punto, en esta noche que en todo instante está igualmente lejos del alba y del ocaso; camino y hablo quedamente, rechina bajo mis pasos la madera del pórtico, escucho el fragor del bosque. Bajo la luminiscencia de nubes bajas, de nieblas, intento escribir una carta que no irá a parar a ti jamás.»

Amore. Giorgio Manganelli

En literatura, sorprende todavía que algo tan simple como una larga carta de amor (desde luego que maravillosamente escrita) siga teniendo efecto. Tal es el caso de "Amore". Te repito: nunca es el qué, sino el cómo.

Al hilo


devana la madeja,
carretel de hilo fino
la quebradiza historia,
la mezcla de fragmentos
de álbum viejo
con fotos recortadas
por el medio, allá en
la caja perfumada de un recuerdo
que nació memorable
y no ha alcanzado
la altura que le es dada,
por capricho
-voluta rococó de los fracasos-
se rechaza apartando la mirada
y vuelve el ojo
a un claro punto fijo
lejano
inalcanzable,
se devana
desenvuelve lo vano hasta que dure
lo vano que se extienda hasta que plazca
si no hila,
no teje
no actúa quien devana
ahí en la lenta noche
y en las horas heladas como piedras
obturando el pasado
se enrieda y lo devana
pero ocurre
la delgadez del hilo
sucede
el corte impredecible
ocurre lo que pasa
si devana
quieto en la silla, mudo, frío
quieto
solo en la casa oscura, húmeda
sola
y el hilo está
ahora entre sus manos:
el fínísimo hilo
de la historia negada.

domingo, 1 de junio de 2008

Restos


Te quedará el sabor
-náufrago en la garganta-
de unas hierbas
amargas
cuando frescas
arrancadas a la tierra
sin dolor y sin mal
de tu huerto,
a la luz
insidiosa y constante
de ese sol que te abruma
desde antiguos veranos.

Mary Cassat y la aparente serenidad del mundo femenino

Mary Cassat: Conversación/ Paul Mc Cartney : Jenny Wren