jueves, 31 de julio de 2008

Yo no lo sé de cierto


Yo no lo sé de cierto, pero supongo
que una mujer y un hombre
algún día se quieren,
se van quedando solos poco a poco,
algo en su corazón les dice que están solos,
solos sobre la tierra se penetran,
se van matando el uno al otro.

Todo se hace en silencio. Como
se hace la luz dentro del ojo.
El amor une cuerpos.
En silencio se van llenando el uno al otro.

Cualquier día despiertan, sobre brazos:
piensan entonces que lo saben todo.
Se ven desnudos y lo saben todo.

(Yo no lo sé de cierto, pero lo supongo.)

Jaime Sabines

miércoles, 30 de julio de 2008

martes, 29 de julio de 2008

Ciertas preguntas nos provocan más preguntas

¿González leyó a Foucault? ¿Vio a Capussotto en el rol de Bombita? ¿Recuerda a Freud? ¿Cree en una Historia Pura, independiente del discurso, del relato?

Dice González:

¿Por qué nos gusta Bombita Rodríguez? Este sutil monigote creado por Capusotto y Saborido, que en estos últimos tiempos está siendo comentado por gran número de personas, produce un sentimiento sorprendente, una feliz intranquilidad. Definido como “el Palito Ortega montonero”, despliega un alegre batiburrillo de palabras que no combinan entre sí, pero que al aparecer en conjunción introducen en el espíritu una severa incógnita sobre el funcionamiento del lenguaje. Si nos reímos de ese procedimiento que vulnera el sentido de las palabras desviándolas bruscamente de su lugar habitual, no por ello dejamos de preguntarnos si estaríamos así desbaratando la historia. Palabras que fueron el desconsuelo y la tragedia de miles y miles de personas, de repente son tomadas para un ejercicio paródico o convertidas en la fácil burla a una jerga maniática que pudo ser el subproducto cuestionable de una época, pero que muchos hablaron como talismán y apostura.

El fijador “La Orga”, con el que se peina Bombita, podría dar lugar a que las partes de una tragedia sean vistas ahora como un sarcasmo pasajero y módico. Pero hace décadas que las innovaciones en el periodismo escrito provienen de la capacidad de apelar a públicos que poseen sobreentendidos culturales diversos, de tal modo que uno de los tantos regresos agónicos de Maradona, pudo alguna vez ser titulado como “El mito del eterno retorno”, acudiendo un acervo cultural disponible que produce cómodos signos de distinción así como ciertos procedimientos aprobados de saqueo cultural. De ello viven los grandes mitos del lenguaje.


¿Cuáles son las palabras que no "combinan entre sí", exceptuando lo de Palito Ortega y Montonero? ¿Fueron "palabras" las que provocaron el desconsuelo y la tragedia de miles de personas? ¿Qué procedimiento que no sea la mentira puede "vulnerar el sentido" de la palabra? ¿Tiene ésta un sentido único? ¿Sacralizar un argot es defender el sentido? ¿Qué prensa, en qué época, qué texto, qué discurso, no apelan a quienes poseen algún sobreentendido cultural disponible? ¿Se puede leer siquiera un suplemento deportivo, ignorándolo todo acerca de los juegos de pelota?


Sin duda, con el humor que acompaña necesariamente todo nuestro decir literal, queremos mostrarnos como seres sensibles, que no van por la vida creyendo necesariamente que cada frase pronunciada es una lápida en nuestra conciencia. Por eso “tomamos las cosas con humor”, lo que quiere decir que siempre sopesamos lo dicho y lo retrabajamos para usarlo en otros módulos y contextos. Aliviamos así la vida con el recurso a la ironía y otras armas plausibles del dislocamiento de las creencias. Hacer del lenguaje un collage permanente y aludir a sus estereotipos, hayan sido o no trágicos, es una forma de salvarnos para otras conversaciones que imaginamos únicas, fuera de toda repetición. Ese retorno de las frases hechas, que un día fueron graves, pero ahora son parte de un humor piadoso que las reproduce con autoindulgencia y ternura, es tan necesario que no suponemos que sean profanaciones, formas de despreciar los valores más queridos.

¿Puede profanarse otra cosa que lo considerado sagrado? ¿Creencia -para el sociólogo- es la "fe" pronunciable? ¿Grave es sinónimo de cierto? ¿A quién o a quiénes les cabe el sayo de la autoindulgencia?

Bombita Rodríguez tiene una genealogía familiar basada en la fresca insolencia del pastiche, pues remonta a su madre Evelyn Tacuara. Con estos trucos, ha reencontrado el humor basado en una combinatoria disparatada. Pero se trata de un comentario sutil sobre la escurridiza genealogía de la política argentina. Dichos o expresiones enterrados en el derrotado secreto de nuestra lengua política aparecen así bajo una forma dichosa, irresponsable e ingenuamente blasfema. ¿Por qué nos sonreímos en vez de pedir orden y respeto para apreciar los recodos de la historia? Sabemos que el humor suelta gatillos escondidos y apacigua nuestra conciencia haciéndonos ver nuevas relaciones. El disparate ilumina el hecho de que el mundo tenía más conexiones que las que habíamos supuesto.

¿Nuestra lengua política aparece en "Bombita" en su forma dichosa, pero también es "irresponsable" e "ingenua" de su blasfemia? ¿De quién a quién se podría pedir "orden y respeto" para apreciar los recodos de la historia? ¿No es el humor un asunto subversivo, que consigue por vías más sutiles, lejos de apaciguar, encender nuestras conciencias, el disparate ése que ilumina? ¿No se lanzaban en el furor setentista, fervorosas (y graves) tanto o más disparatadas caracterizaciones de personas, de hechos, de posibles devenires en la relación de fuerzas -bipolar-, conocidas?


El trabajo del poeta Néstor Perlongher con las siglas partidarias de los años ’70 también revela que, si bien pueden criticarse esas construcciones que petrifican el lenguaje, siempre son un atractivo punto de reflexión sobre la creencia de los hombres y el modo de perseguir sus deseos, lo que también incluye el de perfeccionar la lengua operativa, al precio de hacerla sumaria y cristalizada.

Nuevamente me pregunto: ¿por qué nos gusta Bombita Rodríguez? El ars poetica de Capusotto consiste en agrupar súbita e infantilmente, sin mediaciones, dos términos provenientes de universos incompatibles. El mundo de las culturas mediáticas con las jergas políticas más tipificadas, el recurso de lo grave con su mención en tono de farsa, las palabras sigilosas de los insurgentes con objetos cotidianos que las hacen irrisorias.

¿Es súbita e "infantil" la poética de Capussotto? ¿Volvemos a lo grave? ¿No son en cada instante de la historia otros los modos de la rebelión, otras las formas de la insurgencia, otras las máscaras del poder? ¿No es la farsa un profundo gesto crítico?

Pues bien, son los procedimientos de la risa, ritos inmemoriales que obligan a ampliar la visión del mundo conectándolo con el caos previo a la inspiración. Se trata quizá de reiniciar todo otra vez, poniendo el lenguaje transcurrido en mano de los comediantes, los juglares díscolos, los payasos tiernos. Basta recordar el juego de transmutaciones chaplinescas en El gran dictador para percibir cómo este tipo de humor, que con su red captura todo lo hablado en momentos de peligro, puede ofrecer un punto de vista generoso sobre la historia, con personajes salidos del arte que hace contorsionar los caracteres, discursos y vestimentas.

Bombita Rodríguez descansa en una interpretación de audacia plástica e ingenio paródico. Como pantomimo contorsionista, Capusotto es igual a la forma en que tritura y recompone absurdamente el lenguaje. Su histrionismo acude a incesantes travestismos y entrega personajes que parten del clisé y lo hacen estallar en un punto del lenguaje graciosamente insensato, como en el nombre del cantante “Luis Almirante Brown”. Son candorosos fantoches que llaman a la indulgencia y a la conmiseración reflexiva, y por eso podemos considerar que el método de la irreverencia con las genealogías políticas argentinas desentumece el pensamiento. Más en este momento.

¿Entumecido, González, o casi muerto? ¿La indulgencia y la conmiseración llevan "auto" adelante, en esta idea?

La lucha política a la que asistimos, donde se intenta desestabilizar a un gobierno que lanzó su mirada hacia los mismos años de los que Capusotto extrae su galería de polichinelas del lenguaje, revela también el intento de reutilizar vicariamente, en forma truculenta, los pedazos sueltos de una historia devastada.

¿No seremos nosotros -cada uno, este pueblo- los devastados por la historia que encontramos en esta sátira la pausa sana y típicamente humana, del chiste en el velorio?

Cuando el Sr. De Angeli lanza desde la ruta, “con su rostro curtido de hombre laborioso”, un pensamiento que parece candoroso –“las retenciones son un producto de la Revolución Libertadora”– está acudiendo también a un desparpajo contorsionista, que junta conceptos opuestos, confiscando los sentidos clásicos y las interpretaciones verdaderas. Son también los mecanismos de la inversión y reapropiación poderosa de los restos de la historia nacional, a los efectos de su vaciamiento. Desmonta sentidos para seguir con las mismas palabras. Bombita Rodríguez, en cambio, desmonta palabras para encontrar nuevos sentidos.

¿No podríamos pensar la historia como ese juego de encastres, simultáneos en el tiempo en que vivimos?

¿Por qué le gusta a Gónzalez "Bombita" Rodríguez? ¿Escribió esto después de horas de jugar al "Montonero Mágico"?


Nota al pie: El payaso tierno, el ingenuo Capussotto que corporiza a Bombita, definió al peronismo en la actualidad, como "no más que una liturgia".


Alto y bajo



Ha vuelto a ser la que era,
antes de la crecida.
Si montado en un pájaro o un ángel
la vieras desde arriba
tus ojos seguirían, sorprendidos
ese contorno antiguo,
con amor aprendido
de su nítida orilla:
tan firme línea.
El murmullo del río
próximo a tus oídos
es una samaritana
encerrada en un cuarto
casi a oscuras
entre paños helados y esos breves suspiros
de los cautivos cuerpos
sumidos en la fiebre
la memoria,
el delirio.
Sin saberlo regresas como vuelve un perfume
-porque el azar decide-
y todo lo que has visto te parece
un objeto liviano
que los vientos del sur
alejan y dispersan
-como nubes de polvo
de cosas que se han ido-
y no hay manchas de sangre
no hay gritos
ni dolor ni perdón,
ni siquiera parodia
de ensayar el perdón
entre el agua que baja
y las brumas que suben.

viernes, 25 de julio de 2008

Llévenme ahí

Quiero ir al mismo centro de jubilados y a jugar con él un partido de bochas

Volvemos a Chuang Tzu

"Los libros no valen más que las palabras que contienen. Las palabras son en ellos lo estimable. Lo estimable de las palabras mismas, es el concepto. El concepto va en pos de algo (el objeto). Y aquello, tras lo cual va el concepto, no se puede comunicar con las palabras. Con todo, en el mundo se divulgan los libros por el aprecio que se tiene de las palabras. Aunque el mundo así las aprecia, yo no las juzgo dignas de ese aprecio. Lo que ellos aprecian no es lo que en realidad es digno de aprecio. Lo que puede ser visto son figuras y colores. Lo que puede ser oído son nombres y voces. ¡Triste cosa!
Los hombres del mundo creen que las figuras, los colores, los nombres y las voces pueden bastar para captar sus verdaderas realidades. Pero las figuras, los colores, los nombres y las voces, en realidad, no bastan para aprender su verdad."

miércoles, 23 de julio de 2008

Agua va

Y mana de esta fuente

El adiós



Hemos vuelto a nuestro origen.

Fue el lugar de la evidencia, aunque desgarrada.

Las ventanas mezclaban demasiadas luces,

Las escaleras trepaban demasiadas estrellas

Que son arcos que se hunden, escombros,

El fuego parecía arder en otro mundo.
Y ahora hay pájaros que vuelan de una habitación a la otra,

Los postigos se cayeron, la cama está cubierta de piedras,

La chimenea llena de restos del cielo que van a apagarse.

Allí, por las tardes, hablábamos casi en voz baja

Debido a los rumores de las bóvedas, allí, sin embargo,

Formábamos nuestros proyectos: pero una barca,

Cargada con piedras rojas, se alejaba

Irresistiblemente de una orilla, y el olvido

Depositaba ya su ceniza en los sueños

Que sin fin recomenzábamos, poblando con imágenes

El fuego que ardió hasta el último día.
¿Es cierto, amiga mía,

Que no hay más que una palabra para nombrar

En la lengua que llamamos poesía

El sol de la mañana y el de la tarde,

Una para el grito de alegría y el de angustia,

Una para el desierto río arriba y los golpes de hacha,

Una para la cama deshecha y el cielo tormentoso,

Una para el niño que nace y el dios muerto?
Sí, lo creo, quiero creerlo, pero ¿qué sombras

Son ésas que se llevan el espejo?

Y, mira, la zarza crece entre las piedras

En el camino de hierba aún apenas abierto

Por el que nuestros pasos iban hacia los jóvenes árboles.

Hoy me parece, aquí, que la palabra

Es el pesebre medio roto del que se escapa

En cada amanecer de lluvia el agua inútil.
La hierba y en la hierba el agua que brilla, como un río.

Todo está siempre a la espera de que una vez más se lo ate al mundo.

Sé que el paraíso está diseminado,

Es tarea terrestre el reconocer

Sus flores dispersas en la hierba pobre,

Pero el ángel ha desaparecido, una luz

Que no fue, de golpe, sino un sol poniente.
Y como Adán y Eva caminaremos

Por última vez en el jardín.Como Adán el primer pesar, como Eva la primera

Osadía, querremos y no querremos

Pasar por la puerta baja que se entreabre

Allá a lo lejos, en la otra punta del ronzal, coloreada

Como auguralmente por un último rayo.

¿Se toma el porvenir en el origen

Como cabe el cielo en un cóncavo espejo?

¿Podremos recoger, de esa luz

Que fue de aquí el milagro,

En nuestras sombrías manos la simiente, para otros charcos

En el secreto de otros campos "cercados de piedras"?
Por cierto, está aquí el lugar para vencer, para vencernos,

El lugar de donde salimos esta tarde. Aquí sin fin

Como esa agua que se escapa del pesebre.

Yves Bonnefoy

Traducción de Carlos Cámara y Miguel Ángel Frontán

martes, 22 de julio de 2008

Bárbara

Acuérdate Bárbara
Llovía sin cesar en Brest aquél día
Y marchabas sonriente
Dichosa embelesada empapada
Bajo la lluvia
Acuérdate Bárbara
Llovía sin cesar en Brest
Y me crucé contigo en la calle de Siam
Sonreías
Y yo también sonreía
Acuérdate Bárbara
Tú a quién yo no conocía
Tú que no me conocías
Acuérdate
Acuérdate pese a todo aquél día
No lo olvides
Un hombre se cobijaba en un portal
Y gritó tu nombre
Bárbara
Y corriste hacia él bajo la lluvia
Empapada embelesada dichosa
Y te echaste en sus brazos
Acuérdate de eso Bárbara
Y no te ofendas si te tuteo
Yo tuteo a todos los que amo
Aunque los haya visto sólo una vez
Tuteo a todos los que se aman
Aunque no los conozca
Acuérdate Bárbara
No olvides
Esa lluvia buena y feliz
Sobre tu rostro feliz
Sobre esa ciudad feliz
Esa lluvia sobre el mar
Sobre el arsenal
Sobre el banco d'Ouessant
Oh Bárbara
Menuda estupidez la guerra
Qué has llegado a ser ahora
Bajo esta lluvia de hierro
De fuego de acero de sangre
Y el hombre aquel que te estrechaba entre sus brazos
Amorosamente
Quizás ha muerto o desaparecido o vive todavía
Oh Bárbara
Llueve sin cesar en Brest
Como solía llover en otro tiempo
Pero no es lo mismo y todo está estropeado
Es lluvia desconsolada de duelo espantoso
Ni siquiera es ya tormenta
De hierro de acero de sangre
Simplemente nubes
Que revientan como perros
Perros que desaparecen
En el remanso de Brest
Y van a pudrirse lejos
Lejos muy lejos de Brest
Donde ya no queda nada.

Jacques Prevert

Un poema es también un fragmento de historia personal, una "entrega de símbolos", como decía Borges de las dedicatorias, que nos hace incluir al poeta entre los afectos más cercanos, un amante, un amigo. Aquí Prevert.

Yves Bonnefoy sobre Goya. Arte y Dolor.


«La enfermedad condujo a Goya a un estado de plenitud creativa y de extraña lucidez. Tanto por el efecto que el aislamiento tuvo en su personalidad como porque quiso sobreponerse a las enfermedades en casa de un amigo cuya excelente colección personal reunía las obras más inquietantes de Blake, Füssli o Piranesi. Goya pintaba desde el borde del abismo. Y percibía que lo único real es que todo es ilusorio. Todo es ilusorio menos el dolor»


«Goya no confía en la ilusión divina ni en otras maneras de inmortalidad que podríamos considerar convencionales» «Nos descubre que ha experimentado un misterio interior que en nada se parece a la simple realidad. Pero también es consciente de las dimensiones del vértigo. Son impresiones que provienen de una fuerte intuición y que él expresa con mayor sobrecogimiento en los murales de las pinturas negras».

Las concibió para sí mismo como caja de resonancia de su mundo interior. Goya era consciente de haber llegado más lejos que sus congéneres. No sólo en virtud de sus méritos técnicos y en razón de sus hallazgos vanguardistas. Más bien por la convicción de encontrarse artística y espiritualmente al otro lado de la montaña, con otros amaneceres y con otros crepúsculos que sus vecinos de Burdeos no podían imaginarse.
«Aquí se produce, por tanto, otra expresión dialéctica», el orgullo personal de Goya cohabita con su conciencia de la compasión. Goya ha descubierto con dolor que es un artista. Subyace una ambición, una consagración total a su obra. Y, al mismo tiempo, manifiesta una conciencia del prójimo, la certeza de que debemos ser compasivos sin pretender recibir nada a cambio de esa sincera compasión».

domingo, 20 de julio de 2008

Increíble pero real

El programa de Feinmann en canal 7, donde te cuenta las películas, repitiendo incluso los diálogos que sostienen los actores en los fragmentos que proyecta. Siguiendo en tema, le llenaría la boca con pochoclo. Hasta que se calle. O se ahogue.

Fatal


Miró en sus ojos
la suerte decidida:
-siempre hallaría razones para hundirse
en destellos verdosos
que acaso vela el placer
por un instante
sometido al vaivén,
la inquietud de los párpados-
Supo ignorar su pequeñez
ese desgarro de rústico telar
cubriendo apenas las verguenzas.
Nada podía decir
la voz disuelta
como la arcilla blanda que se inmola
en una última
inútil máscara.
Tal vez
la desesperación
empujó intentos
como brazadas contra el aire
o insensibles responsos que se pierden
como se perderá enseguida
el rastro de sus huesos
en los años que sigan a estos años,
a su entrada temprana
en el puntual palacio del olvido.
Leyó la cifra marcada en sus pupilas.
Ahora
iría a hundirse en el océano infinito,
y allí en el fondo
se sumaría a algún espíritu grandioso
el que soporta los barcos y los hombres
sobre una línea
sinuosa, quebradiza
como si fuéramos
sólo un levísimo respiro
que no inmuta ni hiere
-no deja marcas-
en la corriente apática del agua.

Las afinidades electivas

Sigo pensando la amistad como la forma superior del amor.

viernes, 18 de julio de 2008

Cobos

Mi voto no es afirmativo. Como quien juega al ring-raje. Un Bartebly.

miércoles, 16 de julio de 2008

Interiores


En cada pliegue de tus días
creciendo a solas
esa violencia oscura
de ceguera,
en las ardientes
mejillas rojas de la ira. Y
esa adherencia
gelatinosa y vacua
que se desgrana
de a poco,
en horas grises
-ya no ignoramos que parasita
con su malicia
cada imagen futura, imaginada-.
Bebiéndose
sorbos espesos de tu sangre
logran secarte,
cuerpo vacío
paño estrujado al que extienden sobre el mármol
en la planicie de una luz
que no desborda
más allá de los límites.
Legan el hueco
conseguido con uñas y desgarros
al estelar vacío
que no sabrá tu nombre.
Aquí te lloro
desde la noche reseca de este mundo
sin mayor esperanza,
desde el oculto gajo de la sombra
aquí te escribo
con estas trazas fínisimas de olvido
¿Sabes?
habito el árbol de tus sonidos. Escucho el aire
silbando en las pequeñas
rendijas de tus dientes
y está cercana esa pulpa granate de tu lengua.
Adentro está el Temblor
y la verdad deshecha
exhala ese perfume de cosas que se apagan
de una vez para siempre.

El séptimo sello, Bergman

Recortes



Macbeth, Polanski.

Starless

lunes, 14 de julio de 2008

C.

"Escucho voces. A veces, son la única compañía que tengo"


Sigue el rastro del sol
en el patio
la tarde es un picasso improvisado
desde el rosa y azul
hasta el ronco guernica
que proponga la noche
sigue el rastro
la luz tiene un mensaje
que nadie ve
y detrás de esas voces
horribles
él puede
-y sólo él puede-
escuchar tanta música.

Lazos


lisa medusa
de hilos tan finos
tu melena
se enrieda en torno
como alga
o hiedra
cierra
te encierra
liga esos lazos
en tu sinfin de enamorada
quieta ante el muro
de amor que ata

Perfil


rastro carmín
como el borrón
fantasma del deseo
brilla
en lo oscuro
rubí
serás carbón:
el sueño
es humo

domingo, 13 de julio de 2008

Camino a casa en mayo, invierno de 1949


Dejando atrás la extraña, ajena ciudad de Dublín
Mi padre condujo a través de la noche un viejo Ford Anglia,
Sentado junto a él, su hijo de cinco años,
El asiento de cuero artificial rojo,
Y una luna amarilla asomando por el parabrisas.
"Papá, papá", le dije, "rebasa a la luna",
Pero por más que aceleraba, no la podía rebasar.
Cada pueblo que pasábamos era otra piedra de toque,
Y sus nombres, contraseñas mágicas para la eternidad:
Kilcock, Kinnegad, Strokestown, Elphin,
Tarmonbarry, Tulsk, Ballaghaderreen, Ballavarry;
Estábamos en el condado de Mayo y la siguiente parada era Turlough,
La villa de Turlough en el corazón de Mayo,
Y la casa de la madre de mi padre, toda mujeres y lámparas de aceite
Y mi recámara arriba del bar abierto,
Y en la mañana, el graznido de los cuervos y los mugidos del ganado:
Los vestidos aparentemente sin costuras de la vida, primorosamente
Desgarrados por sus gritos y bramidos. Y al atardecer
Las caminatas con mi padre entre la hierba crecida junto al río
Platicando… cosa inimaginable en la ciudad.

Pero ese hogar no era el hogar y la luna no podía ser rebasada
Por la pesadilla en plena luz del día de Dublín:
Bajamos traqueteando por el canal de vuelta a la ciudad
Y cada reja cerrada doblaba sus campanas por nosotros;
Y verjas y bardas y semáforos y asfalto,
Y calles y calles de los llamados "nuevos" asentamientos:
Miles de cruces de soledad plantadas
En la tumba cada vez más estrecha de la vida de un padre;
En el vasto, vasto cementerio de la infancia de un niño.

Paul Durcan

sábado, 12 de julio de 2008

sábado, 5 de julio de 2008

viernes, 4 de julio de 2008

Cielos, suelos (yuppiii, tengo cámara)


Ventanas

Foto: Ventanas en mi ventana

En esas habitaciones oscuras donde vivo
pesados días, con qué anhelo contemplo a veces
las ventanas. -Cuándo se abrirá
una de ellas y qué han de traerme-.
Pero esa ventana no se encuentra, o yo no sé
hallarla. Y quizás mejor sea así.
Quizá esa luz fuese para mí otra tortura.
Quién sabe cuántas cosas nuevas mostraría.

Kavafis