sábado, 4 de enero de 2014

Tarde

En esa hora en la
que cae el sol en
el incierto principio del verano
cuando ladran los perros
que presagian la noche
y arden las cocinas
ahumándose, hirviendo
plenas de olores diferentes
iguales a sí mismos,
a las manos que trozan sobre el mármol
los frutos de la tierra mal ganados
cuando se enlazan los amantes
con las persianas altas porque la luz es grata
y apenas se oye entre ellos la propia melodía
del chasquido de un líquido en los estrechos túneles
y desborda lo íntimo hacia el ajeno prójimo
que a solas bebe o fuma
conmovido de todo lo que ocurre
cuando no pasa nada.

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