lunes, 8 de noviembre de 2010

Arbol caído

Seguramente
arrimar a esta hoguera
una sóla oración, sería suicida
el tiempo,
-que ha llenado de trastos
este espacio minúsculo-
no permite que entre ya una aguja
ni tan luego
esa frase punzante que me asoma a los labios
no podría
provocar otra cosa
que otro odioso estallido,
la ira nunca alcanza, cuando se ha roto todo,
a recoger las sobras, despejando el camino
apenas dinamita
el puente siempre frágil
del momento oportuno
ya se sabe, acumulando ruinas
no se fundan ciudades
entonces, yo desisto
aunque a solas me diga:
no se puede
hacer leña de un árbol
perfectamente inútil
no arderá si no ha dado
amparo con su sombra
ni un fruto
ni uno sólo
que inunde con su pulpa
masticada a destiempo
al menos un instante
la boca de dulzura.

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