
probablemente no
tampoco en esa especie de pasillo
que rodean dos muros
un largo corredor
que no acaba en entrada ni salida
un pasaje que en vano recorrimos
-aunque hay más vanidad
en este estarse quieto-
no debe estar ahí ni en los reflejos
que el sol pinta en los charcos deformados
que ha dejado la lluvia en las veredas
acaso sea este azar la suerte toda
y la carta triunfal rozó tu mano
en medio de la noche
y no veias
porque habías cubierto -por temor-
los espejos
y temblabas a solas, tomado de mi mano
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