Bella que me anuncias una extraordinaria complicación. Tantos
crímenes olvidados reaparecen por ti.
Llega el tiempo de la proeza infatigable frente a tus ojos sin sueño
que ningún diamante puede cerrar.
Ella se expone a las angustias del siglo, usinas de la realidad. Más
explícita se quiere, menos se la conoce. El sueño de los asesinos y
de los poetas es que llegue a tener un rostro.
Para llegar aquí, ella debe atravesar una región de fotógrafos
exacerbados por su asombrosa presencia.
A pesar de su aplicación, estos espectadores sólo se quedarán
con las pruebas delebles de su distancia de la verdad. Es que para
retenerla hubiera sido preciso transformarse en ella, ser ella, y no su
descripción más o menos feliz. Yo me lo repito siempre después de
mis tentativas inútiles.
Ella mantiene la frescura, la diligencia feliz de la vida, por cuya justificación
nos dejamos tentar, hierros de tristeza y de habilidad vergonzosa. Invita
a los hombres, a quienes sabe posibles no por el memorial de sus servicios
sino por la suma de su condición, a un juego de alta conciencia y de
contumancia en el extremos de los enigmas. Ha conseguido así formar una
tribu dispersa por el mundo, cuyos miembros se ignoran mutuamente y sin
embargo reparan en común los hilos rotos de una gran red de belleza.
La jurisprudencia acumulada por las heridas, la imagen del mundo
construida con la memoria de una continua decepción, la torpeza de la
saciedad en el epílogo, todas las apariencias de la consumación se
borran y se anulan en el esplendor de ese deseo que arrastra consigo,
el asombro, el origen y la felicidad del universo y que ella, continuamente,
se complace en inspirar.
RAUL GUSTAVO AGUIRRE
martes, 3 de agosto de 2010
viernes, 30 de julio de 2010
Verte ver
Daría lo que tengo
que es a menudo, nada:
astillas, polvo, espuma
sobre el gris tegumento
que recubre los días;
daría lo que, a fuerza de entusiasmo,
consideré fortuna
por ver
tus ojos otra vez
fijados a una cosa irrepetible,
hundidos
en la carne de algo insospechado y vasto,
trepanando
-a fuerza de ser claros-
los huesos de la sombra,
fascinantes, durísimos
para la edad final de estos carnívoros
humanos degradados.
Apuesto
que en nada mermaría mi tristeza expansiva
sin embargo,
ese halo inmaterial
tan caprichosamente azul
(azul y caprichosa es la memoria)
adherido a materias novedosas,
abriría un camino
de luz
en la espesura.
que es a menudo, nada:
astillas, polvo, espuma
sobre el gris tegumento
que recubre los días;
daría lo que, a fuerza de entusiasmo,
consideré fortuna
por ver
tus ojos otra vez
fijados a una cosa irrepetible,
hundidos
en la carne de algo insospechado y vasto,
trepanando
-a fuerza de ser claros-
los huesos de la sombra,
fascinantes, durísimos
para la edad final de estos carnívoros
humanos degradados.
Apuesto
que en nada mermaría mi tristeza expansiva
sin embargo,
ese halo inmaterial
tan caprichosamente azul
(azul y caprichosa es la memoria)
adherido a materias novedosas,
abriría un camino
de luz
en la espesura.
miércoles, 28 de julio de 2010
Emily Dickinson
1329
Si han olvidado ellos
o si están olvidando
o nunca recordaron
es mejor no saberlo
La angustia de conjeturar
es un dolor más suave
que una Verdad de Hierro
endurecida con lo sé.
1144
Nos enterramos a nosotros mismos con un dulce desdén.
Quien logra penetrar este cauce de polvo
no siente más el bálsamo de aquella religión
que duda con el mismo fervor con el que cree.
de Poemas a la muerte. (traducción de Rubén Martín)
Bartleby Editores, 2010
Si han olvidado ellos
o si están olvidando
o nunca recordaron
es mejor no saberlo
La angustia de conjeturar
es un dolor más suave
que una Verdad de Hierro
endurecida con lo sé.
1144
Nos enterramos a nosotros mismos con un dulce desdén.
Quien logra penetrar este cauce de polvo
no siente más el bálsamo de aquella religión
que duda con el mismo fervor con el que cree.
de Poemas a la muerte. (traducción de Rubén Martín)
Bartleby Editores, 2010
jueves, 8 de julio de 2010
La ausente
Para Muriel Rukeyser
La gente sigue viéndote y diciéndome
lo blanca que eres, lo delgada que eres.
Hace un año que no te veo, pero lenta cobras
forma sobre mi cabeza, blancos como
pétalos, blancos como leche, los estrechos
y oscuros tallos de tus tobillos y muñecas,
hata que siempre estás presente aquí, un retoño
que cuelga en vilo encima de mi vida.
SHARON OLDS
Los muertos y los vivos
Traducción de J.J. Almagro Iglesias y Carlos Jiménez Arribas /Bartleby Editores
La gente sigue viéndote y diciéndome
lo blanca que eres, lo delgada que eres.
Hace un año que no te veo, pero lenta cobras
forma sobre mi cabeza, blancos como
pétalos, blancos como leche, los estrechos
y oscuros tallos de tus tobillos y muñecas,
hata que siempre estás presente aquí, un retoño
que cuelga en vilo encima de mi vida.
SHARON OLDS
Los muertos y los vivos
Traducción de J.J. Almagro Iglesias y Carlos Jiménez Arribas /Bartleby Editores
viernes, 25 de junio de 2010
Aquí hay leones
Los cartógrafos de la antigüedad escribían en las regiones inexploradas: "Aquí hay leones".
W.B.Yeats. El crepúsculo celta
En el cielo azul claro de esta noche de luna
en los mares australes
en el cajón que cierra
esa llave pequeña
en la piel de tu espalda que cubre todo el día
esa camisa ajada que traés de la calle
hay leones
en las hojas del libro
que se duerme en tu pecho y no leíste aún
en todas sus historias que yo ignoro
hay leones
en los pliegues del cuerpo
de todas las que amaste
en sus bocas, sus fotos, sus cartas
hay leones
en tu infancia y la mía
en las manos inquietas de mi padre
hay leones
en cada rostro ido que insista en tu memoria
hay leones
en la luz que te bañe
cuando el placer extremo
en tu muerte y la mía
hay leones
en la mañana dulce que te encontró desnudo
y en el sudor del sueño que te agita a mi lado
hay leones, amor
hay leones feroces, hambrientos
sanguinarios
carnívoros leones de fauces entreabiertas
y de afiladas uñas que amenazan las horas
allí y aquí
ayer mañana y siempre
a lo largo del mundo que no vi
en lo hondo de aquello que no sé
que jamás me dirías
que no preguntaré
hay dorados leones
bellísimos y crueles
hay leones
jaurías de leones expectantes
rugiendo desde un mapa
que habitamos sin ver
mientras vivimos.
W.B.Yeats. El crepúsculo celta
En el cielo azul claro de esta noche de luna
en los mares australes
en el cajón que cierra
esa llave pequeña
en la piel de tu espalda que cubre todo el día
esa camisa ajada que traés de la calle
hay leones
en las hojas del libro
que se duerme en tu pecho y no leíste aún
en todas sus historias que yo ignoro
hay leones
en los pliegues del cuerpo
de todas las que amaste
en sus bocas, sus fotos, sus cartas
hay leones
en tu infancia y la mía
en las manos inquietas de mi padre
hay leones
en cada rostro ido que insista en tu memoria
hay leones
en la luz que te bañe
cuando el placer extremo
en tu muerte y la mía
hay leones
en la mañana dulce que te encontró desnudo
y en el sudor del sueño que te agita a mi lado
hay leones, amor
hay leones feroces, hambrientos
sanguinarios
carnívoros leones de fauces entreabiertas
y de afiladas uñas que amenazan las horas
allí y aquí
ayer mañana y siempre
a lo largo del mundo que no vi
en lo hondo de aquello que no sé
que jamás me dirías
que no preguntaré
hay dorados leones
bellísimos y crueles
hay leones
jaurías de leones expectantes
rugiendo desde un mapa
que habitamos sin ver
mientras vivimos.
miércoles, 16 de junio de 2010
Fuerzas
si levanta la voz
los huesos apiñados se incendiarán de alarmas
si en alto gesto empuña
su arma poderosa
(busca el blanco en lo oscuro)
lo hondo se amotina
y convergen allí
las multitudes del pasado,
la atontada memoria que vacila
como un enfermo que da su primer paso
después de la catástrofe
que ha sembrado la fiebre
-y el sudor y el dolor
son ese musgo informe adherido a las sábanas-
si otra vez es la única
y estatatuaria y fatal,
en el centro de todo
se instala o se apodera
de esta débil región de tierras bajas,
han de quedar intactas
las formas que ocupamos
moldeadas en los huecos
que hizo pétreos, la lava
en su estallido incomprensible,
en su torrente
porque mayor que el hálito
y el hábito
es esta voluntad
enorme
que aniquila
los huesos apiñados se incendiarán de alarmas
si en alto gesto empuña
su arma poderosa
(busca el blanco en lo oscuro)
lo hondo se amotina
y convergen allí
las multitudes del pasado,
la atontada memoria que vacila
como un enfermo que da su primer paso
después de la catástrofe
que ha sembrado la fiebre
-y el sudor y el dolor
son ese musgo informe adherido a las sábanas-
si otra vez es la única
y estatatuaria y fatal,
en el centro de todo
se instala o se apodera
de esta débil región de tierras bajas,
han de quedar intactas
las formas que ocupamos
moldeadas en los huecos
que hizo pétreos, la lava
en su estallido incomprensible,
en su torrente
porque mayor que el hálito
y el hábito
es esta voluntad
enorme
que aniquila
miércoles, 2 de junio de 2010
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