Haber dejado una moneda de fuego en la mano de otro,
haber atado ciertos hilos de amor y resplandor,
haber perdido algo
al salir de la casa vacía.
Haber estado, haber acompañado,
haber estado complicado con el viento que siempre tiene razón,
con la tierra y el agua y con la hierba que siempre tienen razón.
No haber cumplido años lejos de sí mismo,
no importa si de rodillas o en medio del pantano pero cerca de sí,
o entre asuntos pendientes o torcidos desde el comienzo,
pero masticados con tus dientes.
No importa ser un objeto más o menos clasificable
despreciable por los que deciden,
no importa ser superado, masacrado, tergiversado, desmentido,
con todo eso se hace la verdad.
No importa ser interrumpido
si estás al pie del árbol gigante en el día sin fin,
al pie del árbol de piedras preciosas del sueño que sólo
pertenece a los hombres,
y si has podido hablar con esas piedras
y acompañar hasta su casa a alguien
en un momento duro de la noche (y vivía tan lejos).
No importa que no haya solución para nadie ni perdón para nadie
ni si al fin estás solo en las salinas de la madrugada
haciendo todo lo posible para que salga el sol,
para que estos rostros queridos no se hundan en los
rápidos de la nada
que acecha tanta maravilla.
Raúl Gustavo Aguirre
viernes, 30 de septiembre de 2011
sábado, 24 de septiembre de 2011
I'm looking into the river, but I'm thinking of the sea
yo
que alimenté mi vida de migajas
olvidadas en la mesa del festin, por los otros,
que busqué en los desvanes
lo que allí se escondiera
cosas solas, antiguas, ni siquiera amigables
que soportan el polvo y el olvido
y no brillan, ni nadie necesita
en el raro, encriptado futuro, del momento presente
yo
que no supe señalar este límite con fuerza,
-o al menos con estilo-
y atendí o los horrores que traía la noche
y sumisa cedí la añoranza del sueño
yo
que desconfíe del paso presuroso
del deseo en su urgencia
y temprano entendí el precio de esas cosas
que aferraba con terca estupidez
(entendiendo que al menos, eso debía ser mío)
yo
que no soy nadie aún, ni nada
podría decirse que enuncio, cuando les digo: yo
y sin embargo tiemblo
por la audacia del dios,
su presencia invisible,
su furia
inesperada.
que alimenté mi vida de migajas
olvidadas en la mesa del festin, por los otros,
que busqué en los desvanes
lo que allí se escondiera
cosas solas, antiguas, ni siquiera amigables
que soportan el polvo y el olvido
y no brillan, ni nadie necesita
en el raro, encriptado futuro, del momento presente
yo
que no supe señalar este límite con fuerza,
-o al menos con estilo-
y atendí o los horrores que traía la noche
y sumisa cedí la añoranza del sueño
yo
que desconfíe del paso presuroso
del deseo en su urgencia
y temprano entendí el precio de esas cosas
que aferraba con terca estupidez
(entendiendo que al menos, eso debía ser mío)
yo
que no soy nadie aún, ni nada
podría decirse que enuncio, cuando les digo: yo
y sin embargo tiemblo
por la audacia del dios,
su presencia invisible,
su furia
inesperada.
I'm looking into the river, but I'm thinking of the sea
thinking of the sea
http://youtu.be/Fw2uJe8b0bI
thinking of the sea
http://youtu.be/Fw2uJe8b0bI
domingo, 17 de julio de 2011
Ilustradores ilustrados
Noé y Stupía se sacan lustre:
http://www.revistaenie.clarin.com/arte/Luis-Felipe-Noe-Eduardo-Stupia-Me-arruinaste-el-dibujo_
http://www.revistaenie.clarin.com/arte/Luis-Felipe-Noe-Eduardo-Stupia-Me-arruinaste-el-dibujo_
sábado, 16 de julio de 2011
Intermezzo
Acá es de noche -dice-
y hace frío,
qué extraño me parece que no puedas
dormir por el calor.
Sí, allá es verano, claro,
-suspira en el helado auricular-
zumba una mosca cerca y no la oye
-es tan ancho y profundo el mar cuando separa,
más denso que la tierra-
un cuerpo de otro cuerpo
y cada uno
(de ellos, de nosotros)
distante de ese hilo
que lo anuda al espíritu,
volátiles cenizas
solamente
y dispersión del viento.
Lo veo: un árbol seco
inútil, que se yergue en la llanura
sin sombra para nada, para nadie.
Esta conversación ya la tuvimos,
recuerdo los silencios, los escucho
allí donde la voz se desmorona
como un cristal delgado que apedrearon los duros
señores del invierno.
Sobre todo, me guardo
las pausas donde callan
el deseo y la absurda pretensión de decirnos,
porque es en esas pausas donde sucede todo.
El mapa se despliega:
los trazos del destino,
son una fina línea que recorre las palmas
sinuosa, imperceptible
como el surco que abrimos
más tarde o más temprano
en la árida pregunta que propone una vida.
y hace frío,
qué extraño me parece que no puedas
dormir por el calor.
Sí, allá es verano, claro,
-suspira en el helado auricular-
zumba una mosca cerca y no la oye
-es tan ancho y profundo el mar cuando separa,
más denso que la tierra-
un cuerpo de otro cuerpo
y cada uno
(de ellos, de nosotros)
distante de ese hilo
que lo anuda al espíritu,
volátiles cenizas
solamente
y dispersión del viento.
Lo veo: un árbol seco
inútil, que se yergue en la llanura
sin sombra para nada, para nadie.
Esta conversación ya la tuvimos,
recuerdo los silencios, los escucho
allí donde la voz se desmorona
como un cristal delgado que apedrearon los duros
señores del invierno.
Sobre todo, me guardo
las pausas donde callan
el deseo y la absurda pretensión de decirnos,
porque es en esas pausas donde sucede todo.
El mapa se despliega:
los trazos del destino,
son una fina línea que recorre las palmas
sinuosa, imperceptible
como el surco que abrimos
más tarde o más temprano
en la árida pregunta que propone una vida.
jueves, 16 de junio de 2011
Tolstói
Para vivir honradamente es necesario desgarrarse, confundirse, luchar, equivocarse, empezar y abandonar, y de nuevo empezar y de nuevo abandonar, y luchar eternamente y sufrir privaciones. La tranquilidad es una bajeza moral.
Lev Tolstói
Lev Tolstói
martes, 14 de junio de 2011
Nudo
Nada habla más de mí
que esta forma alargada
que los espesos trazos de la sombra
multiplican mil veces
volviéndola
tan carnal
como es carnal el mundo
cuando profiere su amenaza:
la incertidumbre del mañana
si aquí,
aquí otra vez,
en esta eternidad de los fragmentos
acaso alguna vez reunidos
-pequeños coágulos de un éter-
cuando el peso del ego
decaiga y se diluya.
que esta forma alargada
que los espesos trazos de la sombra
multiplican mil veces
volviéndola
tan carnal
como es carnal el mundo
cuando profiere su amenaza:
la incertidumbre del mañana
si aquí,
aquí otra vez,
en esta eternidad de los fragmentos
acaso alguna vez reunidos
-pequeños coágulos de un éter-
cuando el peso del ego
decaiga y se diluya.
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