A tu paso dejaste caer las cosas
que traías en las manos
giraste la cabeza y viste todo
aprobando, buscaste
el asiento más cómodo.
Los demás te miraban con los ojos brillantes
y risas excitadas venían de la cocina
cabalgando un aroma, un perfume de especias,
un calor renovado.
Todo suspiros y gritos y sorpresas
cuando el mago probaba
la eficacia de un truco
sumergiéndose a medias
en una gran valija
con tarjetas colgantes de palabras escritas
en una lengua extraña.
Después era el esbozo
de millones de historias incompletas
de imágenes de llantos de nombres de los muertos
de la charla en voz baja y luego el sueño
infinito y pobrísimo
y amanecer tan tarde
en esa cama ajena
de tu perdida casa.
lunes, 7 de octubre de 2013
sábado, 5 de octubre de 2013
Espiamos el jardín sombrío
cegados por el trazo de oro
de una lámpara tenue,
tu cara se iba hundiendo
en las fauces profundas de la sombra
y hablabas en voz baja
tu grave voz urdiendo los deseos
componiendo armonías con el aire.
El tiempo, amor, es un tapiz perfecto
que tejieron tus manos con las mias:
se tensa el hilo del instante
y en segundos, apenas,
se deshace la trama.
miércoles, 8 de mayo de 2013
sábado, 20 de abril de 2013
Tè
La trepamos despacio y sin embargo,
nos faltò el aire al final de la escalera.
Entre pocas otras cosas, muy dispersas,
hablamos de salud.
Los ojos no parecen asentarse
en aquello que evitan o se posan,
las manos se deslizan por el aire
-como apartando velos invisibles-
mendigàndole luz a la neblina.
Cada dìa, la vida nos sorprende
la muerte, en cambio,
adopta caras y gestos conocidos.
Te miro y pienso:
no hay màs sabidurìa que la que da este spleen
de ser quien soy, quien sos
envejeciendo.
nos faltò el aire al final de la escalera.
Entre pocas otras cosas, muy dispersas,
hablamos de salud.
Los ojos no parecen asentarse
en aquello que evitan o se posan,
las manos se deslizan por el aire
-como apartando velos invisibles-
mendigàndole luz a la neblina.
Cada dìa, la vida nos sorprende
la muerte, en cambio,
adopta caras y gestos conocidos.
Te miro y pienso:
no hay màs sabidurìa que la que da este spleen
de ser quien soy, quien sos
envejeciendo.
martes, 11 de septiembre de 2012
Señales luminosas
Aunque apenas se trate
de cruzar un saludo,
unas obvias palabras,
una regla mundana de simple cortesía
te sé, porque presiento
antiguas vecindades
de tu alma y mi alma,
porque hay en el fondo de los ojos
un destello al unísono,
la secreta armonía de la música
que nadie más escucha
en este aire liviano de septiempre.
En lo alto del árbol
¿ves que las copas reverdecen y se agitan
como humanas doncellas en vísperas del día?
Este cruce es señal de un desencuentro
planeado en el origen
por dioses caprichosos
-como niños tiranos-
que han decidido ahora
dejar claro que aquello no ha de ser esta vez
de ningún modo:
entre nosotros, sólo
la veladura del futuro
y el pasado, que es sombra, tiznándonos la frente.
de cruzar un saludo,
unas obvias palabras,
una regla mundana de simple cortesía
te sé, porque presiento
antiguas vecindades
de tu alma y mi alma,
porque hay en el fondo de los ojos
un destello al unísono,
la secreta armonía de la música
que nadie más escucha
en este aire liviano de septiempre.
En lo alto del árbol
¿ves que las copas reverdecen y se agitan
como humanas doncellas en vísperas del día?
Este cruce es señal de un desencuentro
planeado en el origen
por dioses caprichosos
-como niños tiranos-
que han decidido ahora
dejar claro que aquello no ha de ser esta vez
de ningún modo:
entre nosotros, sólo
la veladura del futuro
y el pasado, que es sombra, tiznándonos la frente.
sábado, 4 de agosto de 2012
VARIACIONES SOBRE LA PALABRA SUEÑO
Me gustaría observarte mientras duermes,
algo que tal vez no suceda.
Me gustaría observarte,
Durmiendo. Me gustaría dormir
contigo, penetrar en tu sueño
mientras su suave ola oscura
se desliza sobre mi frente
y caminar contigo a través de ese lúcido
bosque que se mece, de hojas verde mar,
con su sol acuoso y sus tres lunas,
hacia la cueva a la que debes descender,
hacia tu peor miedo.
Me gustaría darte la rama
plateada, la florecilla blanca, la única
palabra que te protegerá
del dolor de las entrañas
de tu sueño, del dolor
de las entrañas. Desearía seguirte
cuando subes por la larga escalera
otra vez, y tornarme
en el barco que te devolverá
con cuidado, como una llama
protegida en dos manos ahuecadas,
al lugar donde yace tu cuerpo
junto al mío, y tú lo penetras
tan natural como una inspiración.
Me gustaría ser el aire
que vive en ti, sólo
por un momento. Me gustaría ser tan invisible
y tan innecesaria.
MARGARET ATWOOD
jueves, 24 de mayo de 2012
Donde dice
Esa triste tarea que me ocupa las manos
me deja en las orillas de la noche, entumecida
como un bote pequeño que la rabia del mar
empuja y castiga y desguaza.
Trabajo obnubilada
en favor de las leyes de un orden
indistinto del caos
por esa condición de inabarcable
que tiene lo que no hace
nido dentro de mí
que no brota de un centro
que puede percibirse.
Sin embargo, lo hago,
cumplo con los estrictos
patrones que me imponen
la perfección del acto, el objeto,
mi dedicada espalda ya se curva obsecuente
dócil como los juncos
dura, porque soporta
a lo largo del día, el cansancio
el cansancio.
La angustia en mí, desova,
soy una entraña acuosa, oscura, hueca, incierta.
Miles de peces muertos invadirán la playa,
y una llovizna intensa de esas que no reparan
la impiadosa sequía que se instala en el tiempo,
dirá:
ya soy como el reloj de las estatuas,
(debe leerse aquí:
su detenida arena.)
me deja en las orillas de la noche, entumecida
como un bote pequeño que la rabia del mar
empuja y castiga y desguaza.
Trabajo obnubilada
en favor de las leyes de un orden
indistinto del caos
por esa condición de inabarcable
que tiene lo que no hace
nido dentro de mí
que no brota de un centro
que puede percibirse.
Sin embargo, lo hago,
cumplo con los estrictos
patrones que me imponen
la perfección del acto, el objeto,
mi dedicada espalda ya se curva obsecuente
dócil como los juncos
dura, porque soporta
a lo largo del día, el cansancio
el cansancio.
La angustia en mí, desova,
soy una entraña acuosa, oscura, hueca, incierta.
Miles de peces muertos invadirán la playa,
y una llovizna intensa de esas que no reparan
la impiadosa sequía que se instala en el tiempo,
dirá:
ya soy como el reloj de las estatuas,
(debe leerse aquí:
su detenida arena.)
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