Nos persigue el silencio,
(está en la cifra oculta de la sangre)
nos arropa y escupe
sobre la fresca lápida del día.
Hubo un tiempo, unos años robados,
(a pesar de las trazas
de todas las futuras intemperies)
donde el aire tramaba sus extraños enlaces
y respiramos juntos
como un afinadísimo cuarteto
de música de cámara,
en una habitación desmesurada.
Allí dividiríamos riquezas:
-una bolsa dorada de lujo microscópico-
astillas de cristales desechados por otros,
fragmentos sin destino, de un gigantesco espejo
en la vereda gris, bajo la lluvia.
Hubo el roce,
-la ternura sostiene con manos tan delgadas-
y el golpe, y lo que ocurre
cuando los hombres miran, entre sí, desconfiados
y el amigo se cubre
de costras o colmillos que desgarran la carne
y en el hueco del miedo, se hartan y se hacinan
los innúmeros vicios que designan los nombres.
Hoy que sopla el más frío
volvemos a reunirnos a compartir pobrezas,
me mirás con la pena de lo que amé algún día,
Lo pienso y me lo callo:
se me ocurre que somos
millones de cristales de reflejos inútiles
sobre cemento gris.
Soberbios, no previmos
la piedad luminosa de las últimas lluvias.
domingo, 14 de marzo de 2010
sábado, 27 de febrero de 2010
Elegíaco
ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie, y sin consuelo
voy, de mi corazón a mis asuntos.
Miguel Hernández
y sin calor de nadie, y sin consuelo
voy, de mi corazón a mis asuntos.
Miguel Hernández
jueves, 25 de febrero de 2010
Otoño

Se crispaba la mar,
(su ira en olas)
arreciaron las furias que cabalgan los vientos,
llovió incansablemente
sobre las tejas que antes presionaba la nieve,
y aún
se percibía una luz,
calentaba los huesos aquél pequeño fuego. La hemos visto,
erguida,
con sus enfermos ojos de tan vasta mirada,
firme en sus pies,
de oro impasible
en la degradación de la belleza.
domingo, 7 de febrero de 2010
Los trabajos de Afrodita

"Criatura, no te fueron dadas a tí las cosas de la guerra; tú dedícate a los trabajos amables de las bodas."
(Dice Zeus a Afrodita, herida por Diomede. Homero. Ilíada.)
Pero habrás de llevar
herida cada mano
que desee aferrar lo que acaricia,
tu paz estará en sombras
por las noches de armas escondidas,
de maniobras perpetuas,
de bengalas que anuncien el fin para tus fuerzas,
ardiendo allá a lo lejos.
Habrá una luz voraz, incandescente
en el día fatal de aquellas bodas:
cuatro perlas perfectas de tu sangre
caerán en el mar de lino blanco,
vagarás de una en dos, disuelta o libre
en las altas mareas de las sábanas.
domingo, 31 de enero de 2010
Página en blanco
revolviendo en el fondo del cajón
la sobrevida de alguna cosa inútil
aparece la sangre inesperada
entonces hay un filo
que ha podido
cortar el largo hilván de las imágenes
miro mis manos sin descanso
-las he mirado toda la mañana-
y no creo
haber sido quien sostuvo la navaja:
no hay nada aún en ellas
que pueda persuadirme de un intento
-siquiera del intento
digo, pienso-
de enfrentarme
aún armada con cientos de esos filos
al temido detrás de tus palabras
la sobrevida de alguna cosa inútil
aparece la sangre inesperada
entonces hay un filo
que ha podido
cortar el largo hilván de las imágenes
miro mis manos sin descanso
-las he mirado toda la mañana-
y no creo
haber sido quien sostuvo la navaja:
no hay nada aún en ellas
que pueda persuadirme de un intento
-siquiera del intento
digo, pienso-
de enfrentarme
aún armada con cientos de esos filos
al temido detrás de tus palabras
martes, 5 de enero de 2010
Acantos funerarios

El jardin se ensombrece,
las rojizas caléndulas se inclinan
hacia la húmeda tierra.
Todo lo que intentamos
fue vencer los edictos
apoyando las plantas, de lleno, sobre el césped
pero nada se yergue contra lo oscuro, ahora
nadie
se imagina siquiera
en un lugar tranquilo,
donde la noche sea
consecuencia del día.
Ovillado en tus brazos, aquel amor antiguo
como antigua será, al fin, toda inocencia,
vaga,
gime desde su lenta pereza de asesino.
Los crímenes del tiempo desgarran las pupilas,
han herido mi boca, condenando tu aliento
a entrecortarse, seco
como un vapor infame de lo que fue dulzura.
Oscurece pensarse
-las ventanas cerradas a toda extraña luz-
dormirse entre las hojas
que ennoblecen la tumba de la hija de Calímaco
o el bordado vestido de Helena ( la más bella)
si el más lucido acanto no regresa la vida,
las túnicas no cubren amargas impudicias.
La tela que has tejido, con palabras ajenas
no ampara la vileza de tu cuerpo sin sombra
las rojizas caléndulas se inclinan
hacia la húmeda tierra.
Todo lo que intentamos
fue vencer los edictos
apoyando las plantas, de lleno, sobre el césped
pero nada se yergue contra lo oscuro, ahora
nadie
se imagina siquiera
en un lugar tranquilo,
donde la noche sea
consecuencia del día.
Ovillado en tus brazos, aquel amor antiguo
como antigua será, al fin, toda inocencia,
vaga,
gime desde su lenta pereza de asesino.
Los crímenes del tiempo desgarran las pupilas,
han herido mi boca, condenando tu aliento
a entrecortarse, seco
como un vapor infame de lo que fue dulzura.
Oscurece pensarse
-las ventanas cerradas a toda extraña luz-
dormirse entre las hojas
que ennoblecen la tumba de la hija de Calímaco
o el bordado vestido de Helena ( la más bella)
si el más lucido acanto no regresa la vida,
las túnicas no cubren amargas impudicias.
La tela que has tejido, con palabras ajenas
no ampara la vileza de tu cuerpo sin sombra
(araña de dos mundos)
en mi pecho tallaste una frase terrible:
en mi pecho tallaste una frase terrible:
mentiras y verdades; pura melancolia.
viernes, 1 de enero de 2010
Correo de hoy
Asunto: Y me deseaban salud
Querida Inés:
Ayer cuando volvía a casa después de celebrar el anio nuevo me resbalé en el hielo y me jodí una rodilla.
Ahora voy al hospital y por si acaso me tuviera que quedar ahí, te quiero desear un feliz cumple por este medio, ya que es demasiado temprano para llamarte.
Si me dejan volver a casa te llamo. Si no, ya sabés.
Feliz anio nuevo y feliz cumpleanios!
Delia
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