jueves, 24 de mayo de 2012

Donde dice

Esa triste tarea que me ocupa las manos
me deja en las orillas de la noche, entumecida
como un bote pequeño que la rabia del mar
empuja y castiga y desguaza.
Trabajo obnubilada
en favor de las leyes de un orden
indistinto del caos
por esa condición de inabarcable
que tiene lo que no hace
nido dentro de mí
que no brota de un centro
que puede percibirse.
Sin embargo, lo hago,
cumplo con los estrictos
patrones que me imponen
la perfección del acto, el objeto,
mi dedicada espalda ya se curva obsecuente
dócil como los juncos
dura, porque soporta
a lo largo del día, el cansancio
el cansancio.
La angustia en mí, desova,
soy una entraña acuosa, oscura,  hueca, incierta.
Miles de peces muertos invadirán la playa,
y una llovizna intensa de esas que no reparan
la impiadosa sequía que se instala en el tiempo,
dirá:
ya soy como el reloj de las estatuas,
(debe leerse aquí:
su detenida arena.)

sábado, 14 de abril de 2012

Arrecia

el dolor de los desprendimientos, la
vejez de la raíz
el tiempo que se ahueca y da
lugar  al acontecimiento
ese nicho donde alguien
colocará las flores
como coronas del olvido
sobre la amada frente
sudorosa y helada
sus colores marchitos, ya disueltos
sobre arena desierta
y el sol que alumbra la muerte de las cosas
impiadoso en su luz
sobre el umbral que cruza cada cual a su tiempo
sin querer ni saber
abierto al aire
donde flota un polvillo
brillante que nos baña
la espalda dolorida,
y llueve más allá.

sábado, 31 de marzo de 2012

divagues

Creo que el Gran Amor es siempre clandestino. No está a la vista, no se expone a los ojos de todos, porque sucede en otro plano, en plano invisible que sólo perciben los amantes, sólo es real para ellos. Por eso digo que todos escondemos -en el amor de hoy- otro amor clandestino. Incluso a veces, los amores rivales coinciden en el tiempo, y habitan un mismo cuerpo.

Efectos de lo invisible

nubes
toda conversación está en los huecos
en el silencio con fondo de suspiro
en la sílaba ahogada
antes de que se expanda
su leve onda en el aire
como un guijarro gris
la palabra es orilla
menos que eso,
una párticula brillante de la pequeña piedra
desperdigada entre lo inmenso
formas del agua son tus gestos
insinuados apenas
y más tarde disueltos y perdidos
tu desplegado macrocosmos
viste de harapos este yo
-torpe meteoro de un planeta ya extinguido-
nubes más densas y rosadas
atardecerte ha sido el modo
de restarle a los días de mi vida
sin dolor aparente
esa figura desmedida
que usurpa un alma y unos ojos,
que desteje con dedos habilísimos
la trama de un amor inmune al tiempo
pero el hilo es el tiempo
un muro lacerado por las balas
y su huella es el hueco
el nido de la araña
que aparece de pronto
los dos bebiendo, absortos en las tazas
tragos de té perfumado de la India
extendiendo los labios de amargas comisuras
en sonrisas forzadas,
miradas de sigilo,
convenientes silencios.

lunes, 27 de febrero de 2012

La cruz fija

como si nunca antes
la lluvia se desboca y  con furia se desploma
en ancas de los vientos
porque es su azote último
empaña los cristales a través de los cuales
precipitó la pena y ahora, nada
en el océano gris de una calle en penumbras
de pronto, frágil, como el papel y lo que escribe
frágil, como el instante de mirarse
a solas para siempre, entre los otros
con el acierto repentino de un gesto cómplice
y el corazón abierto en la desmesura de una esperanza
loco de lluvia,  corre
atraviesa los muros, donde los hilos de la hiedra
tejen y abrazan
galopa húmedo sobre los techos, en las ventanas
frotan sus alas las aves silenciosas
desorientados peces,  imitan sones de sirenas
devorándose entre ellos
como llamando para siempre a sumergirse
en el medio del mar,
en la noche sin luna
donde Ulises, atado a su propósito,
sin hallar ese punto
que condensara al fin, todo horizonte
desvelado, ansioso, inmóvil en el mástil
y ciego y sordo, enlazado a su destino,
lo desea y  lo sueña.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Palancas

Cada vez más difíciles de accionar

jueves, 1 de diciembre de 2011

Pasaje

Habrás visto ese brillo
de las gotas de lluvia en las hojas
del roble. Más hondo que el destello,
si las acaricias,
será el halo de su perfume,
como un círculo que estrecha
-hasta reunirlas-
tus cosas últimas.
El bosque ampara
con la luz que se filtra en hilos claros,
sus senderos crujientes, sus nidos en altura.
Bajo su bóveda de copas florecidas,
tanto oscuro verdor
se parece a la vida, cuando cesa
y apenas es sonido,
aromas, sombra, memoria innecesaria
de lo que ha ardido afuera.
Quien nos cierre los ojos
no sabrá que es ahora
el  momento preciso para abrirlos.
Mueves los labios pálidos y fríos:

"...y guárdanos, Señor, de los deseos
en la espesa ceniza que tus cielos auguran"
.