sábado, 21 de febrero de 2009
Obelisco viajero
El tango es la música ineludible en su doble versión: la de los nacidos y criados con el dos por cuatro y la del berretín del forastero. Hacer pasar esa música ciudadana por el tamiz del arte corre el riesgo de volverla una postal turística. Sin embargo, Daniel Kaplan en Splendor , con el manejo de una técnica hiperrealista y una iluminación prodigiosa, y Juan Carlos Liberti en Cambalache , por la gracia con la que deconstruye los elementos característicos del tango, logran escapar del very typical tan explotado. La decoración del miniobelisco montado en la plazoleta vecina a la galería Zurbarán la realizó Jorge Muscia con la técnica del filete. Una vez finalizada la muestra, se espera que Tótem porteño comience una travesía por distintas ciudades argentinas.
viernes, 20 de febrero de 2009
Jardín de los fugitivos

La presión fue tan fuerte
que desató explosiones muy violentas
esas nubes de fuego, al enfriarse,
cayeron como lluvia de cenizas,
y así se sepultaron las ciudades
que emergieron más tarde, talladas en el tiempo,
de tiempo y fuego al fin, endurecidas:
Pompeya y Herculano
eternas como piezas de un gran juego
más allá del estruendo del Vesubio.
Un rugido de furia subterránea
y esas aguas viscosas
descorrieron su oleaje de ardor, sílice, truenos
inundando las calles
atrapando los gestos susurrantes,
(poses de falso amor que ensayaban las lobas)
sobre un piso esmaltado, en los suburbios
o el trabajo de un hombre que empuñaba el martillo,
o una azada en el huerto,
estremeciendo al perro que su amo condenara
atándolo a la puerta de la casa,
y a Plinio que soñó que el mar ardía
de pie, sobre la playa. Fuego que sería piedra
y todo lo cubría, los cuerpos que intentaban escaparse
hacia el jardín penúltimo
(no hay refugio del cielo, no habrá, jamás, no hubo)
ni orando por tu muerte o por tu vida,
los amantes, apenas despegados
-como en el mar del sueño que separa-
cada uno en su cárcel,
los niños con sus pasos, sin remedio, brevísimos,
los viejos con su ceño airoso o resignado
-no sorprende el dolor si se ha vivido años-
sorprende, sin embargo
si te ocurre pensarlo, si lo miras
desde este oscuro tiempo, en estos días,
ese parque de estatuas del pasado
exhibiendo ante el mundo
una fuerza latente y poderosa
capaz de unir en suaves vaivenes nuestras bocas
o descargar sin más, sobre todos nosotros
la fiereza del fuego, las navajas del viento,
la impiedad de las aguas, o el látigo del rayo.
sábado, 14 de febrero de 2009
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