La analogía es tal vez la piedra angular de todo el edificio simbólico.
Para Wirth, la función esencial de lo simbólico es penetrar en lo desconocido y establecer, paradójicamente, la comunicación con lo incomunicable.
La analogía como procedimiento de unificación y de ordenación aparece en el arte, en el mito, en la poesía, continuamente. Su presencia delata siempre una fuerza mística en acción, la necesidad de reunir lo disperso.
Cirlot, Diccionario de símbolos
domingo, 14 de diciembre de 2008
viernes, 12 de diciembre de 2008
Poética Kurupí
Cristino Bogado El dripping del tiempo (Diario de viaje)
NEGRO AULLIDO. 022
Nadie sabe que soy poeta. Porque si alguien lo hubiera sabido, si alguien hubiera por acaso traspasado el umbral de la existencia clandestina que la poesía lleva dentro de mí, yo sería otro para esta gente que forma mi entorno. Algunas veces, la soledad es insoportable y entonces comienzo a renegar de mi destino, sucumbo a un acceso de locura y estoy a punto de cambiarlo por un poco de placer frívolo y despreocupado, ese placer vaporoso que atenúa la profundidad de la mirada, que no duda en transigir con la naturaleza, que anhela ir a la deriva de los objetos de la realidad. Pero, siempre, al borde del abismo logro salvar mi secreto. Y sobrevivo. Hasta la próxima lucha. Porque mi poesía no tiene ninguna relación con una estética platónica, donde un aghatón descendería sobre el universo abyecto de los cuerpos para iluminarlos con su luz fundante y seminal... No. La poesía es más bien una agonía (en sentido griego) que fruto de un milagro. Un combate donde se corre siempre el peligro de perder la vida. Una escaramuza absolutamente corporal cuya esencia es salvar el instante. Esa ilusión fatal del tiempo que no tiene compasión con nuestros cuerpos. Sin la poesía se pierde en los dos frentes. Con ella se salva al menos la ilusión. Hasta el próximo instante. La soledad del poeta consiste en no poder gritar su triunfo al salir vivo de la magma ontopoética ni aullar su dolor cuando ha sido herido fatalmente. Lo trágico está en que no quedan huellas. Todo acontece siempre como una sombra que ha opacado momentáneamente nuestra figura. No quedan los poemas. Los poemas se viven. Por eso no tengo pruebas ni para mí de mi poesía. Sólo el instante abierto (el próximo instante) como un campo de batalla.
NEGRO AULLIDO. 022
Nadie sabe que soy poeta. Porque si alguien lo hubiera sabido, si alguien hubiera por acaso traspasado el umbral de la existencia clandestina que la poesía lleva dentro de mí, yo sería otro para esta gente que forma mi entorno. Algunas veces, la soledad es insoportable y entonces comienzo a renegar de mi destino, sucumbo a un acceso de locura y estoy a punto de cambiarlo por un poco de placer frívolo y despreocupado, ese placer vaporoso que atenúa la profundidad de la mirada, que no duda en transigir con la naturaleza, que anhela ir a la deriva de los objetos de la realidad. Pero, siempre, al borde del abismo logro salvar mi secreto. Y sobrevivo. Hasta la próxima lucha. Porque mi poesía no tiene ninguna relación con una estética platónica, donde un aghatón descendería sobre el universo abyecto de los cuerpos para iluminarlos con su luz fundante y seminal... No. La poesía es más bien una agonía (en sentido griego) que fruto de un milagro. Un combate donde se corre siempre el peligro de perder la vida. Una escaramuza absolutamente corporal cuya esencia es salvar el instante. Esa ilusión fatal del tiempo que no tiene compasión con nuestros cuerpos. Sin la poesía se pierde en los dos frentes. Con ella se salva al menos la ilusión. Hasta el próximo instante. La soledad del poeta consiste en no poder gritar su triunfo al salir vivo de la magma ontopoética ni aullar su dolor cuando ha sido herido fatalmente. Lo trágico está en que no quedan huellas. Todo acontece siempre como una sombra que ha opacado momentáneamente nuestra figura. No quedan los poemas. Los poemas se viven. Por eso no tengo pruebas ni para mí de mi poesía. Sólo el instante abierto (el próximo instante) como un campo de batalla.
martes, 9 de diciembre de 2008
Marca

Las uñas afiladas
contra muros de piedra
rasgan la seda
hunden
sus garras en el pliegue,
surge entonces
el cordón prolongado de la sangre.
Bebe
con lengua ávida
esa roja humedad avergonzada
débil
porque la seda cubre
su inmaterial idea,
un incipiente grumo que es su suave
manera de posarse sobre el mundo.
Una trenza granate lleva al punto
donde el hilo se rompe
(habrán tejido el tiempo en un telar sombrío)
él la expone desnuda
a las huellas moradas
de un astillado amor que abaten las corrientes
furiosas de las islas
su pálida figura es mascarón de naves
que en los surcos del mar
han disuelto de a una
esas fuerzas estériles
que impulsaban la vida.
domingo, 7 de diciembre de 2008
Naturaleza muerta

abres
despegas
tus labios como alas
de una breve mariposa
soplas
infundes
tu hálito
a la brisa
y sin embargo
ahogas
cada sendero
de aire
que baile entre las copas
extáticas,
en árboles resecos
se dice
dices:
naturaleza agónica
sobre una losa blanca
derramada
mientras
el barro no te cubra
se dice
yo digo
(sin derecho a certeza)
todavía.
sábado, 6 de diciembre de 2008
miércoles, 3 de diciembre de 2008
Vino la noche

Vino la noche azul
a dormirse debajo
de tus náufragos ojos
vino la noche entonces
a salvar lo que el faro encandilaba
desde lejos
vino la noche
digo
la oscuridad temida
en el temblor final
de una mirada nómade
perdida
detrás del velo espeso
de tus helados párpados
señor
del universo mínimo que amé
cuando estabas ahí
aquí
erguido en este sueño
en el que ahora yaces
y con mi luz te miras
pobre
ciega
de mí.
Ver y verse


" Un día, ya entrada en años, en el vestíbulo de un edificio público, un hombre se me acercó. Se dio a conocer y me dijo. La conozco desde siempre. Todo el mundo dice que de joven era usted hermosa, me he acercado para decirle que en mi opinión la considero más hermosa ahora que en su juventud. Su rostro de muchacha me gustaba mucho menos que el de ahora, devastado.
(...)
Entre los dieciocho y veinticinco años mi rostro emprendió un camino imprevisto, ese envejecimiento fue brutal. Ví como se apoderaba de mis rasgos uno a uno... He conservado aquel rostro nuevo. Ha sido mi rostro. Ha envejecido más por supuesto, pero relativamente menos de lo que hubiera debido. Tengo un rostro lacerado por arrugas secas, la piel resquebrajada. No se ha deshecho... ha conservado los mismos contornos pero la materia está destruida. Tengo un rostro destruido... "
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
