lunes, 17 de agosto de 2009

Tesis

Y la chica que posa para la fotografía entre las placas de piedra del monumento, y el obrero que desmenuza su vianda sobre la losa de una tumba, después del duro trabajo de cavar una fosa.
Recuerdo una postal que me enviara mi hermana desde Berlin. Una imagen apaisada de la Alexanderplatz, a poco tiempo de la caída del muro. La plaza impecable con su césped y sus canteros floridos. Detrás, a derecha e izquierda, un fondo de edificios claros, la Alemania Occidental, unos muros negros y descascarados, con los resabios de la calefacción a carbón, La Oriental. Un muro que cae y una línea separadora que persiste. Cuántas ciudades construídas sobre las ruinas de otras, como si la humanidad y su historia fueran capas, sedimentos sobre sedimentos. Ahí los símbolos: la historia como sucesión de capas tectónicas, como acumulación de olvidos. Y el hilo que recorre e hilvana, la unicidad de un hecho devenido de una vez para siempre, la infrecuente revelación de lo sagrado, el arte.

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